Sábado, 21 de octubre de 2006
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Levantados contra el hambre
LA semana ha resultado larga. Y es que, después de un dilatado puente con la ilusión de que regresábamos a los días de verano, las jornadas laborales parecen hacerse interminables y el tiempo del reloj no termina de correr, tediosamente remansado, como si no quisiera llegar al próximo puente. Por otra parte, en los espacios de ocio en el hogar seguimos hastiados ante las ventanas de las teúves con los mismos sucesos y oyendo los discursos de siempre, como si el tiempo no avanzara: la ración diaria de chatarra y sangre en Irak, algún desastre natural, el rutinario cacareo de los marbellólogos y otros especímenes tertulianos a propósito de las miserias y mediocridades de los famosos, las ocurrencias de Bush, el cómputo de los que llegan a cruzar las fronteras de nuestro paraíso; el cómputo de las mujeres rociadas con gasolina, acuchilladas, defenestradas, y el consiguiente intento de suicidio del que era su amo...

Para los que pasan hambre, toda semana es larga, como lo es cualquier semana sin pan. En cambio, los días de los que no tienen problemas para comer cuentan con hitos en el caminar diario del reloj. Son las horas de ingerir, que ayudan a matar el tiempo: la del desayuno, la del pincho, la del vermú, la del almuerzo, la del café de la tarde o del chocolate con churros, la de cenar, la del güisqui después de la cena...

La semana que termina, precisamente, ha sido la semana de levantarse contra el hambre... Un recordatorio de que hay que cumplir el primero de los ocho objetivos de desarrollo del milenio que la ONU ha señalado: erradicar la pobreza extrema y el hambre; los otros siete son: lograr la educación primaria universal, promover la igualdad de género, reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años (30.000 mueren diariamente), mejorar la salud materna; combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, y fomentar una alianza mundial.

'¿Levántate contra el hambre!' era la consigna para la semana. Una metáfora simpática, pero un tanto simplona, de glorioso alzamiento occidental que convoca al rico satisfecho y con un poco de mala conciencia. Te tumbas en el suelo y ¿hala! todos arriba, contra el hambre. Luego, a la noche, en los 'telediarios' te ofrecen las imágenes de la ceremonia y posiblemente sientas que algún temblor mueve tus fibras cordiales. Te levantas del sofá, bajas la basura y no encuentras sitio para depositar tus bolsas porque los contenedores rebosan. El que duerme bajo el puente en el colchón de cartones dispondrá una noche más de ingesta asegurada para el perro que le acompaña y para forrar un poco las paredes del estómago que irá regando con su inseparable cartón de vino...

 
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