En El Molinón se vio ayer un fútbol espectacular, con goles extraordinarios, además de regalos increíbles. En el conjunto del partido, el Sporting y el Cádiz brindaron una tarde-noche de las que hacen afición. Tocaba ganar y, al final, disfrutaron los rojiblancos, porque buscaron con más fe una victoria que estaba más cerca de los cadistas.
El encuentro empezó con dificultades para los rojiblancos. El Cádiz afrontó el partido con una fuerte presión en el centro del campo, lo que maniataba a los sportinguistas, que no tenían opción de llegada. Así es como los zagueros locales se veían obligados a circular el balón en su parcela, sin espacios para profundizar, pese a los intentos de Barral, muy activo desde el primer momento, y de Congo, con mucha movilidad. El colombiano, todo un lujo de jugador para el Sporting, incluso ensayó el disparo desde el centro del campo, al ver al portero cadista Armando adelantado. Faltaron unos centímetros para que hubiera sido gol.
Y, lo que son las cosas del fútbol, en la siguente acción de ataque, esta vez del Cádiz, Nano le gana la espalda a Sastre y sirve a Sesma para inaugurar el marcador. Silencio en El Molinón.
Cuatro minutos después, en un saque de esquina, con la defensa rojiblanca despistada, Raúl López aprovecha la media salida de Roberto para aumentar la diferencia. Más silencio.
Dos minutos más tarde, con el Sporting perdido, se produce un inocente penalti de Joni López a De Paula. Lo lanza Abraham Paz con fuerza y rechaza el larguero. Las gradas estallan y empieza la reacción gijonesa. Los rojiblancos, empujados por su afición, acusan favorablemente el error de Paz, mientras que los cadistas pierden la posición y se encierran en su parcela, sin poder frenar a Diego Castro y a Gerardo en las bandas, ni a Barral y ni a Congo por el centro, respaldados por Míchel y Andreu.
El partido se había trasladado al campo gaditano. Barral pudo marcar, pero su lanzamiento cruzado dio en el poste derecho de Armando. Empiezan a verse las deficiencias en la zaga gaditana.
Barral se reencontró con el gol al rematar un fenomenal servicio de Diego Castro. Con el Sporting volcado en el terreno cadista llegó el empate, en una combinación de Diego Castro y de Congo, en el que el árbitro no sancionó una mano de De Quintana para dejar seguir la acción, que rubricó el pontevedrés, el mejor jugador del partido, con un tiro cruzado. El Molinón era una fiesta espectacular.
La algarabía alcanzó el máximo nivel cuando Gerardo desequilibró el marcador en otra jugada de Congo y Diego Castro.
Sin embargo, la alegría no pudo ser completa, ya que en el segundo minuto de la prolongación llegó el empate de Sesma, en una buena jugada de De Paula, que superó a Samuel. Los gijoneses reclamaron fuera de juego y que el balón había salido, pero no pareció que hubiera infracción. En cambio, sí se apreció falta de contundencia defensiva.
Ímpetu rojiblanco
El segundo tiempo empezó con más ímpetu rojiblanco. En el equipo de Preciado había ambición. La victoria era posible. Y pronto llegó una nueva ventaja en el marcador, al cabecear Congo una falta lanzada por Diego Castro, tras un amago de Gerardo. Se recuperaba el delirio en El Molinón, que volvió a durar muy poco, ya que una internada de Acuña en el área acabó en caída del paraguayo, que el árbitro interpretó como penalti. Esta vez, el defensa Paz acertó y volvió a empatar. Estábamos como al principio.
Oli arriesgó con la salida al campo de Lucas Lobos, teórica figura del conjunto cadista. El argentino se situó lejos del área, pero buscaba la espalda de los defensas locales en sus lanzamientos. Algún susto llevó la zaga gijonesa, por lo que Preciado dio entrada a Jorge, con la intención de ganar en altura. Lo había pensado antes del encuentro, aunque al final decidió mantener a la pareja de centrales, además de racionalizar la alineación.
Aunque De Paula mantenía cierta movilidad por el centro, zona a la que se iban con alguna frecuencia los interiores Sesma y Nano, la presencia de Jorge dio una mayor consistencia en el juego aéreo, pero no sólo en defensa, porque el gijonés fue el autor del gol del triunfo.
Otra falta lanzada por Diego Castro fue desviada por Jorge, quien con su salto puso en evidencia a los centrales gaditanos y sorprendió a su portero.
Faltaban 25 minutos, más la propina, pero esta vez sin sobresaltos. El Cádiz atacó más, pero con prisas, lo que provocaba imprecisiones. Además había más firmeza en el juego defensivo rojiblanco.
Preciado retiró a Míchel, involucrado en algunas provocaciones. Luego buscó refresco con Omar, para que el agotado Diego Castro recibiera la merecida ovación de su público. Por su parte, Oli había buscado más potencia con Bezares y otro punto de velocidad en los metros finales con Medina.
El partido entró en una fase bronca, con protestas, enfrentamientos verbales y alguna acción antideportiva ante un árbitro pasivo. Al Cádiz se le recriminó que no devolviera el balón que había echado fuera Roberto, para que entraran las asistencias para atender a Andreu. Estas discusiones pararon el juego en favor del Sporting, que pudo rematar la faena en un contraataque en el que Barral se hinchó de balón y lanzó fuera cuando había engatillado a Armando.
El triunfo del Sporting fue merecido. Los gijoneses hicieron más méritos que los andaluces, aunque el Cádiz no supo mantener una ventaja de dos goles cuando tenía a su contrario contra las cuerdas. Fue un aspecto que facilitó la remontada más espectacular de los últimos tiempos, equiparable a la que hubo ante el Real Madrid en la Copa de 1989. De todas formas, debe valorarse la ambición del Sporting de Preciado, que da motivos para confiar en un equipo del que se puede esperar todo. Esta vez, lo malo fue primero. Después, excelente.