En 1990 el propietario de una tienda de muebles del centro de la ciudad participó en un safari y mató a un leopardo. 16 años después decidió vender su piel, con cabeza incluida, en su establecimiento. La tenía expuesta para su venta, pero no la vio la persona apropiada.
Un representante de la Asociación Nacional de Animales con Derechos y Libertad (Anadel) denunció ante el El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) el particular elemento decorativo que se podía adquirir en la mueblería por el precio, nada asequible, de 7.000 euros.
Lo que igual no sabía su dueño era que la 'pantera-pardus', el nombre científico del felino, es una especie con el máximo grado de protección que recoge el primer apéndice del Cites, el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres. España se adhirió a él en 1.986, con lo que la fecha en la que el individuo cazó al animal fue posterior a esta incorporación. Lo que no se sabe es de dónde procede el félido. Cuando los agentes del Seprona pidieron la documentación a la dependienta de la tienda -el propietario no se encontraba allí en aquel momento-, no pudo aportarla.
La Guardia Civil hizo pública ayer a través de un comunicado el decomiso. El Seprona ya ha iniciado el expediente sancionador que pasará a la administración. Ésta será la encargada de establecer la pena al presunto infractor.
No tendrá que ir a la cárcel, sino que deberá pagar una multa «considerable», aunque fuentes de la Benemérita no pudieron concretar a cuánto ascenderá la sanción.