La reciente victoria de Daniel Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional en las elecciones de Nicaragua, vuelve a poner en primer plano a este pequeño país y trae a mi memoria la figura de Gaspar García Laviana, el cura de Tuilla (Langreo) que murió en noviembre de 1978 combatiendo contra el ejército de Somoza durante la revolución sandinista.
Gaspar García Laviana es algo así como nuestro 'Che Guevara' particular. Fue como misionero a Nicaragua, donde desarrolló una ingente labor de apoyo y solidaridad entre los campesinos de ese país centroamericano, los cuales padecían unas condiciones extremas de pobreza y explotación. Fue en contacto con esa realidad que abrazo las ideas de la Teología de la Liberación, se comprometió de forma militante con el Frente Sandinista y participó en la lucha de liberación del pueblo nicaragüense, donde dejó su vida. De su compromiso político y de su dura experiencia vital dejo constancia en varios poemas, que fueron publicados por el primer gobierno sandinista con el titulo de 'Canciones del amor y de la guerra'. En memoria de su figura y su ejemplo, hoy contamos con varias calles que llevan su nombre en varias localidades de las Cuencas y de Asturias.
Desde el punto de vista político, la situación actual de Nicaragua no tiene ni comparación con la que existía en los tiempos que conoció Gaspar García Laviana. La revolución dio paso a un régimen de libertades, el Frente Sandinista ganó las primeras elecciones democráticas, después de décadas de infame dictadura de los Somoza, y perdió las tres siguientes. Daniel Ortega ha tenido que esperar 16 años para volver a ganar unas elecciones.
Desde el punto de vista socioeconómico, sin embargo, las cosas parece que apenas han cambiado. De una población de 5 millones y medio de habitantes, casi el cincuenta por ciento se encuentran en una situación de pobreza extrema y un millón y medio de personas pasan hambre todos los días, según datos de la ONU. A esta situación, principalmente, atribuyen algunos analistas el triunfo de Daniel Ortega.
Así pues, de nuevo Nicaragua, de nuevo la ilusión en que acierte con el proceso de transformación que lleve la justicia social a los nicaragüenses. Y es que, como dejó escrito Julio Cortázar, me muevo en el contexto de que si critico el proceso, lo hago por el proceso y no contra él.