Martes, 26 de diciembre de 2006
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Una bola de cristal en la presa
La Confederación Hidrográfica prepara un plan de sequía que detectará con antelación estados de escasez y permitirá tomar medidas para evitar el desabastecimiento de agua Con estos criterios, la situación de este año se habría calificado como de «alerta o emergencia»
Una bola de cristal en la presa
TANES. El embalse que surte a la parte central de Asturias pasó momentos difíciles este verano. / E. C.
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Un Plan Especial de Actuación en Situación de Sequía es como una bola de cristal, pero basada en criterios científicos, que tiene capacidad de prever con antelación cuándo puede haber problemas de abastecimiento. Esa es la primera función del documento. Y la segunda sería establecer las medidas a adoptar con el fin de minimizar en la medida de los posible los efectos de la falta de agua: si se sabe que va a haber problemas, se puede actuar con tiempo y ahorrar el preciado líquido para evitar situaciones críticas en un momento posterior.

En estos momentos la Confederación Hidrográfica del Norte (CHN) está preparando el plan especial que operará en Asturias y en toda la cuenca Norte. La importancia de este instrumento está avalada por la normativa estatal y europea, que exige su existencia. Y, en el caso del norte español, debe adaptarse a cada zona, ya que cada una tiene sus peculiaridades.

Al frente de estos trabajos está Jesús González Piedra, jefe de la Oficina de Planificación Hidrológica de la CHN. «Los planes de sequía no son la panacea y no pueden resolver todos los problemas. Lo que se pretende es diseñar un sistema que detecte que se va a producir una situación de este tipo y minimizar sus efectos adversos», matiza. De ese modo, en el caso de que se prevea que algo así va a suceder, se podrían tomar medidas como parar el uso hidroeléctrico de los embalses para no soltar agua, suprimir el baldeo de calles, etcétera. «De ese modo se retrasaría al máximo la medida última, que son las restricciones a la población».

Lo primero de todo es «caracterizar la sequía», es decir, establecer un sistema de indicadores que alerten con antelación sobre la proximidad de una situación anómala. Hay dos aspectos que, en teoría, se pueden observar para tratar de adivinar el futuro: el índice de lluvias y el volumen de aguas superficiales, es decir, el agua que corre por los ríos. En principio, el plan que regirá la situación en Asturias no se fijará en las lluvias por dos razones: la primera es operativa, ya que esos datos, aunque parezca extraño, son difíciles de controlar de manera inmediata, de modo que no habría posibilidad de tomar decisiones rápidas. Por otra parte, el volumen de lluvia caída puede ser engañoso: es diferente que llegue de manera gradual, con lo cual impregna el terreno y mantiene unas reservas, o que sea torrencial, en cuyo caso el terreno no llega a empaparse y el líquido corre con rapidez hacia el mar. Así, que caigan 80 litros de agua no quiere decir nada: pudieron quedarse en la tierra o correr al Cantábrico.

Los umbrales, en los ríos

En definitiva, el indicador que se está utilizando es el otro. «Nos fijamos en los caudales acumulados, en los aforos de los ríos, para establecer los umbrales de sequía», dice González Piedra, y esa información se obtiene a partir de estudios de los últimos cincuenta años. De ese modo, se establece una relación entre los caudales en diferentes fechas, las situaciones críticas de sequía que se dieron y los volúmenes de embalse. En definitiva, si, por ejemplo, en mayo se observa que los niveles de los caudales son similares a los que había en un año que acabó con una sequía importante, y además coincide esa evolución en los meses anteriores, ya se puede prever que hay cierto peligro. En función del caudal que exista, se puede determinar que la situación es normal, de prealerta, de alerta o de emergencia.

¿Cuál habría sido el estado este año en Asturias, cuando las lluvias no llegaron hasta mediados de noviembre y los embalses se quedaron bajo mínimos? «La situación de este verano, con los parámetros que ahora tenemos, hubiese sido de alerta o emergencia», dice el jefe de la Oficina de Planificación Hidrológica.

Sin embargo, y teóricamente, en caso de haber estado elaborado un plan de sequía no se hubiese llegado a la situación del pasado mes de noviembre, cuando los embalses que abastecen al centro regional cayeron hasta un nivel del 30%, el más bajo de los últimos veinte años por estas fechas, y sólo tenían reservas para tres meses. A esas alturas, y ya desde principios del verano, se habían empezado a tomar medidas de ahorro. El objetivo del plan que ahora se elabora es anticiparse un plazo aproximado de un mes, y adelantar esas actuaciones destinadas a contener el consumo de agua. Puede que no suene a mucho, pero González Piedra mantiene que en cuatro semanas se puede dejar de gastar una cantidad de agua que en una situación crítica tendrá gran importancia.

El segundo de los apartados del plan de sequía es el establecimiento de medidas para evitar complicaciones futuras. ¿Qué se puede hacer? Dice González Piedra que en Asturias «no hay medidas específicas. A fecha de hoy no existen alternativas» de abastecimiento a las que acudir en situaciones de dificultad. «La única opción es gestionar la demanda, porque los recursos son los que son».

Experiencias en el Norte

No ocurre lo mismo en otros lugares de la cuenta norte. Así, en Santander está previsto el trasvase desde el Ebro. También en Bilbao hay obras de emergencia para hacer frente a una posible sequía, después de que a principios de los años 90 se viviera una crisis que obligó a restringir el abastecimiento a la población durante varias horas al día. «Los bares servían en vasos de plástico», recuerda González Piedra, porque no había agua para lavar las copas.

Pero en el Principado, de momento, y mientras no se encuentren fuentes de abastecimiento alternativo, como podrían ser los acuíferos subterráneos, se deberá optar por medidas genéricas, que serán diferentes en intensidad dependiendo que la situación sea de prealerta, alerta o emergencia. De ese modo, en caso de alerta o prealerta las medidas pueden ir desde la modificación en las reglas de explotación de los embalses hasta la articulación de campañas de ahorro o incluso la modificación coyuntural de las tarifas para penalizar el despilfarro.

Donde se disparan las posibilidades es en las situaciones de emergencia. En el documento se establecerán todas las posibilidades, desde la original llegada de agua en barcos, hasta la sobrexplotación temporal de los ríos incluso por debajo de los caudales ecológicos, pasando por las restricciones obligatorias de uso.

Antes del verano

¿Hasta este punto se podría llegar en Asturias? En la CHN señalan que el concepto de sequía es diferente en según que lugar: se debe adaptar a los recursos y a los usos. En el Principado, una situación de esta naturaleza no será similar a la que se dé en Murcia, pero podría ser igualmente grave si no hay recursos suficientes. Al fin y al cabo, «ya es raro lo que pasó este año, que no lloviese hasta finales de noviembre», lo que provocó cierto nerviosismo. Y ya hubo años en los que el estiaje se prolongó incluso hasta febrero. «¿Quién dice que eso no puede volver a pasar?». En caso de que ocurra, con el incremento de la población y de los consumos, Asturias se encontraría en un momento difícil. Para tratar de paliarlo está el plan de sequías que, previsiblemente, se aprobará antes de que comience el próximo verano.

 
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