Lo normal, casi siempre, es que cuando tomes sidra haya dos personas como mínimo». Con esta premisa, José Luis Riestra y sus tres hijos, Juan Carlos, Javier y Pepe, se pusieron manos a la obra hace poco más de un año en busca de una máquina de escanciar no sólo eficaz sino más adaptada a las necesidades reales que el resto.
Últimamente, han proliferado muchas máquinas de escanciar sidra, con las que se pretende dar solución a uno de los grandes obstáculos del caldo regional, que no obstante es también uno de sus grandes atractivos. Las hay más y menos originales, prácticas o eficaces, y algunas han tenido un éxito considerable.
La familia Riestra ha querido dar un paso más y dotar al invento de unos servicios que no da ninguna otra máquina. El principal, los dos chorros. La máquina surte a dos vasos a la vez, y lo hace con la presión y la puntería adecuadas, que además pueden ser variadas según el gusto del consumidor. Estos dos chorros, no obstante, sirven también para el bebedor solitario, ya que se pueden dirigir a un solo vaso.
Otra de sus ventajas es que puede estar sirviendo culetes durante mucho tiempo. Su corazón es una bomba industrial que, según José Luis Riestra, puede estar tirando toda una tarde sin problemas.
Y lo más importante, su mecanismo permite conectar tanto una botella de sidra como una barrica o barril del tamaño que se quiera. Cuenta con una varilla que se introduce en la botella y que puede alargarse para que entre en un barril. De este modo, su uso da para aguantar toda una espicha.
Todas las piezas de la máquina están en la calle, pero la familia Riestra se ha cuidado bien de no desvelar con qué está hecho su invento.
La máquina tuvo un primer prototipo más básico y menos eficaz que se ha perfeccionado hasta dar con el definitivo. El resultado es más que satisfactorio, a juzgar por la confianza con que José Luis Riestra habla de su invento. No en vano, está muy en contacto con el mundo de la sidra desde hace años y sabe lo que se trae entre manos.
Hasta ocho culetes
El padre del invento señala que otra de las ventajas de la máquina es su precisión. Se pueden echar culetes de todos los tamaños. La máquina cuenta con un sistema antigoteo que hace que no se pierda ni un mililitro del líquido a la hora de escanciar. Entonces, si se mide bien, «pueden echarse hasta ocho culetes por botella».
Y lo que es más importante, según su criterio, «la máquina escancia la sidra mejor que el 95% de los camareros. Habrá un 5% que sí sabe lo que hace y que supera a la máquina, pero la mayoría escancia peor».
Por el momento, el invento permanece en la casa familiar en Villar, y no han fabricado más. Pero no descartan hacer otros modelos para venderlos a establecimientos hosteleros, ya que su eficacia hace el invento muy atractivo.
La máquina está construida en un cajón de madera que no ocupa demasiado espacio, que cuenta con un asa para transportarlo, y hacia el exterior pueden verse los instrumentos básicos: la varilla por donde entra la sidra, los huecos por donde sale el líquido y la palanca con la que se acciona el mecanismo. El exterior tiene la ventaja, además, de que puede cambiarse a gusto de cada uno.
El primer prototipo se ha pensado para enchufarlo a la red eléctrica. Ahora, la familia Riestra está pensando en probar a hacer uno que funcione con una batería, para aumentar sus posibilidades.
Tal vez esta no sea la máquina de escanciar definitiva, porque en los últimos tiempos no dejan de salir nuevos modelos. Lo que nadie puede negar es que con este invento se ha dado un paso adelante en el arte de escanciar sin cansar el brazo y sin poner perdido el suelo. La familia Riestra sigue trabajando por hacer este arte cada vez más logrado.