Los edificios están ocultos tras un paisaje idílico y, entre sus muros, el pasado más pasado del arte humano en reproducción facsímil. En las 25 hectáreas que ocupa el Parque de la Prehistoria de Teverga se vive un fin de obras con martillos y soldadores poniendo la banda sonora al presente y con la mirada puesta en el futuro: en apenas dos meses se abrirán las puertas a los visitantes. Se estima que serán más de 50.000 al año.
No hay nervios ni prisas. Hay tiempo. El suficiente para ver cómo de un día a otro el enclave museístico toma forma, cómo las reproducciones idénticas de las cuevas prehistóricas se desembalan y encuentran su sitio en paredes y techos (nueve están ya en Asturias y faltan por llegar otras cuatro). Pocos detalles faltan ya por ultimar en los edificios diseñados por el arquitecto catalán Dani Freixes (premio nacional de Diseño 2001), a los que el acero cortén y las cubiertas vegetales hacen en cierta forma invisibles. Se dejan mirar y admirar, pero sin estorbar ni perturbar el paisaje.
Son tres las construcciones. La primera se halla a un paso de la carretera de San Salvador de Alesga, a escasos metros de un aparcamiento que no será asfaltado para mantener el aspecto rural en todo el enclave. El lugar donde se ubicarán las taquillas y la cafeterías es un inmueble que mira al Sur, acristalado de suelo a techo. «Es agradable y luminoso», dice -y no le falta razón- Félix Fernández de Castro, gerente del Parque de la Prehistoria. Desde allí se mira al resto del parque, que oculta las construcciones del siglo XXI bajo el césped de sus techos y la vegetación. «Se busca que ninguno de los edificios pueda verse desde los otros», explica quien aspira a configurar un espacio absolutamente abierto y relajado en sus exteriores y educativo y emotivo en los interiores. Lo dice aún desde el presente, porque, tal y como indica, la puerta del pasado tiene forma de puente. Una vez que se atraviesa y se deja atrás el río Teverga, se ingresa en la Prehistoria.
Un enorme lucernario abierto al exterior dará pronto la bienvenida a los visitantes al pabellón museístico -en forma de media luna, como el resto de edificios- en el que se ubicarán la mayor parte de las reproducciones prehistóricas. Ya han llegado la mayoría a Teverga desde Francia y Madrid. Ya están listas después de un trabajo milimétrico de réplica. Las mediciones de las pinturas originales se hicieron con láser y con una precisión de 200.000 puntos por metro cuadrado, luego la reproducción es de un detalle tal que las hace idénticas no sólo en la pinturas sino incluso en las texturas de las rocas. Se observa, pues, con una definición extraordinaria si la roca tiene textura de arcilla o de calcita, por poner sólo un ejemplo.
Esas réplicas representan lo más relevante del arte paleolítico de Europa, tanto de yacimientos asturianos ( como Tito Bustillo y Covaciella), como de otras cuevas españolas (Altamira) y francesas (Lascaux y Niaux). Ya se sitúa sobre el techo de este inmueble una de las reproducciones de Altamira, lo mismo ocurre con otras piezas como el bisonte herido de Lascaux o el panel de los símbolos de Niaux.
El objetivo es que las distintas pinturas sirvan para dar respuestas de forma sencilla al porqué de esta primigenia forma de arte: «Hay un doble objetivo, el primero es didáctico, explicar el arte, cómo se pintaba, qué características tenía, y luego se buscan respuestas a algo que no lo tiene, a por qué pintaban y cuál era el objetivo del arte», relata Fernández de Castro. Para responder a esas dos últimas preguntas se recurrirá a distintas teorías científicas a través de las diferentes piezas que en este pabellón se muestran como obras aisladas. Habrá también vídeos, textos y otros elementos que servirán para explicar ese pasado artístico.
Todo ello sobre paredes de madera y acero cortén, adornado con pintura roja y en un espacio amplio y diáfano perfectamente iluminado para hacer lucir las réplicas. Bien distinta es la sensación que se pretende provocar en el siguiente edificio del Parque de la Prehistoria. Asegura Fernández de Castro que la posterior fase de la visita oculta tanta historia como emociones. Las que provoca un paseo por el interior de una cueva prehistórica. Si bien el espacio museístico se podrá visitar por libre, la reproducción de la oquedad habrá de verse con la compañía de un guía y con la única iluminación de su linterna. No habrá aquí concesiones a la modernidad más allá de la entrada. «El guía es el que lo ilumina todo», explica el gerente del Parque de la Prehistoria. «Se trata de que disfruten y tengan la sensación de entrar en una cueva», subraya. Verán en ella suelos y paredes de roca reproducidos tal cual, con réplicas de Tito Bustillo, Candamo y el panel número cuatro de la cueva de Niaux.
Viaje de 10 millones
Así concluye el viaje a la Prehistoria que en el mes de marzo se iniciará en Teverga después de más de dos años de obras y diez millones de euros de inversión. Serán dos o tres horas lo que se tarde en recorrer un espacio en el que el concepto parque se entiende en su acepción más común, puesto que incluso habrá una zona de juegos infantiles. Serán, además, los niños huéspedes eminentes de este espacio a través de las visitas escolares.
A finales de marzo acabará la cuenta atrás. Aún no hay fecha marcada en las agendas oficiales, ni lista de autoridades, pero nadie duda de que no habrá más retrasos. Mientras llega ese día, continuará el sonido de los martillos y se afrontará la contratatación del personal, cuya selección y formación arrancará a final de mes.