LA deuda perpetua es un concepto estrechamente relacionado con la hacienda pública, que a lo largo de la historia ha hecho emisiones de este tipo de obligaciones en momentos de extrema necesidad de financiación. El que suscribía este tipo de deuda nunca percibía el capital que había entregado, sino los intereses convenidos. Sin embargo, de 'deuda perpetua' se empieza a hablar en el ámbito de la economía doméstica para mostrar la estrategia económica por la que están optando muchas familias españolas.
El alto consumo que muestran en los últimos tiempos las familias que residen en España, y que tienen su máxima expresión en el bullicio que se produce durante los fines de semana de los grandes almacenes e hipermercados que rodean las ciudades, es consecuencia del crecimiento del poder adquisitivo, pero también del endeudamiento y de la continua caída que se está produciendo en el ahorro.
El Instituto Nacional de Estadística acaba de publicar que el ahorro de las familias españolas ha descendido al 9,3%, el mínimo desde que se controla esta estadística hace siete años. Romper la hucha parece ser la consigna en los tiempos que corren entre los privilegiados que podrían dedicar una parte de sus ingresos al ahorro.
Al tiempo, las empresas que se dedican a conceder créditos rápidos de 3.000 y 6.000 euros están registrando un crecimiento espectacular.
Una de estas sociedades de créditos rápidos, ligada a un gran grupo financiero español, ha logrado facturar 200 millones de euros en los tres últimos meses del último año. Nadie quiere quedar fuera de esta fiebre consumista, aunque haya que recurrir a entidades que aplican tipos de interés anuales ¿por encima del 20%!
La bonanza económica permite a las familias encarar con un exceso de alegría el riesgo de endeudamiento. En último caso, cuentan con las compañías que se dedican a la renegociación de créditos y cuyo único objetivo es alargar en el tiempo los periodos de devolución de la deuda. Los periodos serán más largos cuanto más suba el precio del dinero, tal y como está ocurriendo en los últimos tiempos.
Se ha perdido el miedo a pedir créditos, aunque sea para otros objetivos distintos a los de comprar una casa. Y se asume con mucha facilidad una deuda perpetua que en muchos casos deberán saldar nuestros hijos como parte de la herencia que reciban.