Domingo, 4 de febrero de 2007
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Asturias
Las partículas sólidas más pequeñas suponen la peor amenaza para la salud
La UE estudia cambios en los baremos para medir la concentración de los corpúsculos capaces de acumularse en los pulmones
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Asturias espera sacar partido esta vez de un efecto estadístico de la Unión Europea. El Ejecutivo, comunitario, a instancias de un grupo de países mediterráneos entre los que se encuentra España, estudia suavizar el umbral de lo intolerable en la emisión de partículas. La directiva en vigor, aprobada en 2002, establece que la calidad del aire es inaceptable cuando las partículas sólidas de menos de la centésima parte de un milímetro de diámetro (10 micras), conocidas como PM10, alcanzan una concentración de 50 microgramos por metro cúbico. Pero, por factores naturales como la cercanía del mar y el clima, la atmósfera de las naciones del sur del continente presenta más corpúsculos de ese tipo, los más nocivos para la salud.

Antonio Suárez Marcos explica que, a medida que avanzaban los años 90, Asturias logró reducir las emisiones y mantenerse dentro de los límites fijados por Bruselas. El cambio de la normativa, sin embargo, dejó al Principado fuera de la norma. Pero la tortilla puede darse la vuelta otra vez. Desde octubre, la Comisión Europea tiene encima de la mesa una propuesta para extremar la vigilancia sólo sobre las partículas menores de 2,5 micras y aumentar la concentración permitida hasta los 75 microgramos por metro cúbico.

Vías respiratorias

El Principado tiene como objetivo reducir las PM10. Los ecologistas creen que es una tarea que no admite ni el más mínimo aplazamiento. «Son las peores, porque por su pequeño tamaño se cuelan por la nariz o se tragan de manera inadvertida. Se acumulan en los pulmones y son muy dañinas. La mayoría proceden de los tubos de escape de los coches o procesos industriales», describe Fructuoso Pontigo. Para su Coordinadora, el desafío que representan es más intenso en Asturias que en otros lugares debido a la configuración urbana de los núcleos de población en los que se apiñan sin espacios intermedios las industrias y las áreas residenciales. «Hay viviendas a menos de 100 metros de industrias muy contaminantes, de manera que no hay tiempo para que las nubes que expulsan las chimeneas se dispersen y pierdan concentración», añade.

Frente al balance positivo de la Consejería, que recuerda la degradación de Avilés o Langreo en la época en que España aprobó los primeros decretos de protección del aire en los años 70 y señala que esos focos han desaparecido, Pontigo dibuja un panorama con muchas sombras. «Las superincineradora de Cogersa, los grupos térmicos, las fundiciones, la regasificadora... Hay proyectos muy preocupantes. No crean valor añadido ni empleo y sólo dejan la contaminación», señala.

Medio Ambiente, por el contrario, elude el catastrofismo. «La reconversión de los años 80 tuvo un enorme coste social, pero también sirvió para modernizar las fábricas. Hoy hay mejores filtros y en Asturias tenemos muy buenos ingenieros expertos en descontaminación», señala Suárez Marcos. La degradación previa de la región ha servicio de campo de entrenamiento a los técnicos para acometer empresas «de vanguardia», como la descontaminación de los suelos de La Manjoya, un área de suelos cargados de sulfuros que se ha recuperado y donde el Ayuntamiento de Oviedo prevé una ambiciosa operación residencial. «Por nuestras características, nos ha tocado tener experiencia en todos los campos de la industria».

 
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