Italia vive a estas horas los síntomas de la 'emergenza calcio', generada con la batalla urbana del pasado fin de semana que le costó la vida al policía Filippo Raciti tras el partido Catania-Palermo. Declaraciones, desmentidos y advertencias de dirigentes del fútbol y de representantes del Gobierno se entrecruzan estos días en los medios de comunicación, mientras el Ejecutivo de Romano Prodi anuncia y promete rotundidad para divorciar violencia y fútbol.
El embajador de Italia en España, Pasquale Terracciano, que ayer realizó su primera visita a Asturias y a Gijón, respondió con contundencia a Antonio Matarresse, presidente de la Liga de Fútbol Profesional italiana, quien había afirmado, tras los penosos sucesos de Catania, que «el fútbol no puede detenerse porque es una industria. Desgraciadamente, los muertos forman parte del sistema». Terracciano señaló a EL COMERCIO que «si creen que esto es una industria en lugar de un deporte, que costeen todos los gastos derivados de la seguridad en los estadios».
El diplomático napolitano -que dio una conferencia sobre el cincuenta aniversario del Tratado de Roma dentro del III Seminario Internacional Étnica de UGT- reconoce que en su país se vive el fútbol «de un modo un poco exagerado, entre elementos agitadores, un mercado de fichajes que ha enloquecido y un enorme seguimiento mediático. El fútbol es un deporte, al fin y al cabo».
Para afrontar sucesos como el del viernes en el derbi siciliano de Primera División se hace preciso, en opinión de Terracciano, «aplicar medidas que combinen la represión con la prevención y la educación. Para lo primero, Inglaterra podría ser el modelo y para lo segundo, quizás habría que mirar a países como España, donde la situación es mejor».
En Italia, mientras, los distintos actores implicados en la búsqueda de soluciones tratan de restituir la normalidad al 'calcio'. El país vivió el fin de semana un ayuno de fútbol tras decidir la Federación Italiana la suspensión de la competición liguera en todas las categorías.
El consejo de ministros de Prodi aprobó anoche la disputa a puerta cerrada de encuentros en aquellos campos que no ofrezcan las pertinentes garantías de seguridad, una medida que podría afectar al Inter-Valencia de la Liga de Campeones y al Livorno-Espanyol de la Copa de la UEFA, previstos para los días 14 y 21, respectivamente. Para la próxima jornada liguera en la Serie A sólo están garantizados a estas alturas cuatro partidos con público: el Roma-Parma, Torino-Reggina, Palermo-Empoli y Sampdoria-Ascoli. La jornada se iniciará mañana con un nuevo derbi siciliano, el Messina-Catania, que mantiene los niveles de alerta entre las autoridades políticas y deportivas.
Cierre patronal
Según los sondeos de opinión difundidos ayer por diversos medios de comunicación, entre ellos los periódicos 'La Repubblica' de Roma y 'La Stampa' de Turín en sus ediciones digitales, la ciudadanía da su aprobación a la interrupción de la Liga y a que se disputen los encuentros a puerta cerrada cuando los responsables de la seguridad no las tengan todas consigo. La Liga Profesional propone, como medida intermedia, que a los estadios y partidos conflictivos se permita sólo el acceso de los abonados de los clubes que juegan en casa.
Un cierre total «para nosotros sería un mazazo», advierte Franco Soldati, presidente del Udinese, un club que cuenta con cerca de 14.000 abonados y un estadio con capacidad únicamente para 10.000 aficionados. Otros, como el presidente del Nápoles, Aurelio de Laurentis, han radicalizado su protesta. Asegura que «cerrar estadios es propio de regímenes fascistas» y amenaza con una huelga, aunque sería, más bien, un cierre patronal del fútbol.