A la veintena de jóvenes estudiantes que se concentró ayer en el campus de Llamaquique no tardaron en unirse los sindicatos CC. OO. y SUATEA y algún que otro profesor de la Universidad.
El objetivo, que consideran «cumplido», era que la agresión sufrida por tres jóvenes el pasado 9 de febrero, cuando fueron atacados por siete miembros armados de un grupo fascista, «no pasase desapercibida, como desgraciadamente suele ocurrir. Todo el mundo debe saber que no se trata de que los jóvenes nos peguemos entre nosotros: hablamos de agresiones fascistas». Así apunta el colectivo estudiantil en un comunicado.
Según fuentes policiales, los agredidos no han presentado ninguna denuncia en comisaría. «De todas formas, no se trata de algo individual. Acabar con este tipo de actos es un deber colectivo», puntualizó Beatríz García, la secretaria general del Sindicato de Estudiantes, organizador de la manifestación.
En Oviedo, protesta, «la abundancia de pintadas y pegatinas con mensajes xenófobos demuestra que la Policía conoce a estos grupos radicales y no interviene ante su lenguaje racista». Cree, incluso, que esta aparente «impunidad» puede «echar atrás a algunas de las víctimas a la hora de denunciar».