La patrulla del Seprona del puesto de la Guardia Civil de Panes detuvo anteayer al llanisco J. L. A. P., de 34 años, como presunto autor de un delito contra la fauna al ser sorprendido rematando de dos tiros a un jabalí que había caído en un lazo de acero. La detención se produjo a las ocho y cuarto de la tarde en una zona de paso de animales conocida como el Cerro de la Cueva, en Pendueles (Llanes).
La patrulla del Seprona, además, se incautó de dos lazos de acero y de una escopeta del calibre 12. J. L. A. P. fue puesto a disposición judicial en el Juzgado de Llanes, mientras que la pieza aprehendida fue donada siguiendo una práctica habitual en este tipo de situaciones, en este caso a una residencia de ancianos de la zona.
El dispositivo puesto en marcha para erradicar el furtivismo en Llanes se basa en una estrecha colaboración entre la guardería de la Sociedad de Cazadores del Oriente de Asturias (Socoa) y el Seprona. De hecho, José Miguel Gutiérrez Buergo, presidente de Socoa, aseguró ayer que había conocido el hecho «de forma casi instantánea» a través de una llamada efectuada por miembros de la guardería del coto. Y comentó que el presunto furtivo «fue socio» del colectivo llanisco de cazadores hasta el año 2005, fecha en la que se dio de baja de forma voluntaria.
Multa importante
Según responsables de Socoa, J. L. A. P. puede enfrentarse ahora a una multa de «entre 9.700 y 90.000 euros, así como a la retirada de la licencia de caza por diez años». A ello habría que sumar la sanción por acompañarse de una escopeta del calibre 12 fuera de la época de caza y haber realizado con ella dos disparos que fueron definitivos.
Los cazadores llaniscos evaluaban ayer el hecho de forma muy negativa, «con repugnancia», y sobre todo teniendo en cuenta «las grandes oportunidades y facilidades que se dan en la actualidad para cazar jabalíes». En ese sentido, precisaron que ser socio de la entidad con plenos derechos cinegéticos «sólo cuesta 242 euros al año». También aseguraron que la pertenencia al colectivo permite disfrutar de batidas contra el suido todos los fines de semana durante cinco meses. Y más aún, teniendo en cuenta que el presunto hecho delictivo «se produce menos de veinte días después del final de la campaña».
Aunque para los cazadores llaniscos el hecho se encuentra bajo investigación judicial, no por ello desdeñaban ayer averiguar las razones por las que un antiguo cazador decide participar, presuntamente, en la caza de un jabalí empleando lazos y escopeta fuera de temporada. Los directivos de Socoa no lo tenían claro al precisar que «buscaría la venta de la carne amparado en el ánimo de lucro, porque bajo otra circunstancia no tiene explicación».