Viernes, 6 de abril de 2007
Registro Hemeroteca

en

ACTUALIDAD

Politica
Treinta años de Partido Comunista
Ocho protagonistas asturianos rememoran la legalización del PCE en el 30 aniversario del 'Sábado Santo Rojo' «Entonces nos acordamos de los que ya no podían estar»
Treinta años de Partido Comunista
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

A pesar de que han pasado treinta años, la memoria de los comunistas asturianos sigue viva. Viajan al pasado esbozando una sonrisa al rememorar aquel sábado santo en el que Adolfo Suárez, presidente del Gobierno por entonces, decretó la legalización del Partido Comunista. «Fue uno de los días más felices de nuestra vida», coinciden los protagonistas de esta historia, salpicada por las lágrimas y la emoción a la hora de recordar a todos los hombres y mujeres «que llegaron a sacrificar sus vidas por un sueño».

«Lo recuerdo por la expresión de alegría de la gente que había estado muchos años en la clandestinidad», reflexiona el dirigente del PCA y edil ovetense Roberto Sánchez Ramos. Aquel día, muchos seguidores de la organización «comprobaron la importancia de las ideas y la cohesión de las mismas».

La noticia estaba en la calle. No obstante nadie veía el día en que los deseos se convirtieran en realidad. «Nos cogió por sorpresa», señala la actual consejera de Vivienda y Bienestar Social, Laura González, que evoca aquella noche como algo «memorable».

«Estaba en el restaurante Casa Cabrera, de Avilés, cenando con un grupo de amigos. No pudimos aguantar la emoción; lloramos, reímos y acabamos cantando 'La Internacional'», rememora.

A unos pocos kilómetros, en Sama, se encontraba Vicente Gutiérrez Solís. «Fue uno de los días más felices de mi vida, después de cuarenta años bajo el yugo de la dictadura», asegura este histórico dirigente del que entonces se conocía como 'El Partido'. El primer pensamiento -añade- fue «para aquellos que se quedaron en la cuneta». A aquellos que hicieron posible escribir estas páginas en la historia les corresponde, al menos, un hueco grande en la memoria: «Con la legalización se demostró que valió la pena tanto sacrificio».

Ese padecimiento lo sufrió durante los años de represión Manuel García. 'Otones', como le conoce todo el mundo, vivió buena parte de la dictadura detrás de los barrotes de las cárceles franquistas. «Conozco todas las de España», bromea este hombre que sufrió «doce años, nueve meses y 25 días» de encarcelamiento por defender sus ideales. La carta de naturaleza para el PCE le cogió en Bilbao, donde trabajaba tras ser perseguido en Asturias por su militancia. «Brindamos por el recuerdo de todos los camaradas que estaban en prisión o que habían muerto», recapitula.

«Aquel sábado santo fue una jornada de gloria para los comunistas», asevera Eladio de Pablo, director teatral. Nada más confirmarse la noticia, los seguidores de la organización salieron a la calle con el 'Mundo Obrero' en las manos, distribuyéndose por distintos puntos de Gijón con banderas y megáfonos, «ganando nuestras zonas de libertad».

En aquel grupo de militantes y simpatizantes también se encontraba el actual portavoz de IU en el Ayuntamiento de Gijón. Jesús Montes Estrada, 'Churruca', asegura que la salida de la clandestinidad permitió a muchos ciudadanos ver que los comunistas «no teníamos cuernos ni rabo. Éramos gente normal y trabajadora que ya estábamos en las fábricas o en los movimientos vecinales».

Aunque por aquel entonces no era militante del PCE -sí lo era de Comisiones Obreras-, Luis Felipe Capellín vivió en primera línea el final de la represión contra los comunistas. «La decisión del Gobierno colocó en primer plano las libertades y la democracia real. La sensación que teníamos es que se ponía punto y final a una etapa muy dura», señala.

Tampoco era militante, pero 'cortejaba' con los círculos comunistas, un joven Gaspar Llamazares. El actual coordinador general de Izquierda Unida, que pertenecía por aquel entonces al movimiento estudiantil de la Universidad Autónoma de Madrid, reconoce que «tenía muchas más esperanzas en el cambio de las que luego se produjeron con la legalización del partido».

«Fue la demostración de que España caminaba hacia la democracia», señala el actual dirigente de IU. Sin embargo ese camino no fue sencillo. El resto de fuerzas políticas, incluido el PSOE, estaban dispuestos a aceptar unas elecciones sin el PCE. «Hubieran sido unos comicios amañados. Una democracia tutelada», indica Eladio de Pablo.

Esta opinión es compartida por otros protagonistas como Luis Felipe Capellín. A su juicio, «supongo que valorarían que poner una democracia en marcha sin el PCE no se entendería fuera de España».

«El único apoyo que teníamos éramos nosotros mismos y la base social que se formó», añade Sánchez Ramos, que atribuye a la presión social la salida del partido de la clandestinidad.

No obstante, todos coinciden en señalar el responsable papel que jugó el entonces presidente del Gobierno. «Sabía de la importancia de legalizar el partido», asegura Laura González, que rememora el encuentro que Adolfo Suárez tuvo con el Rey para consultarle la propuesta. «El Ejecutivo no lo tuvo fácil en los días previos y sabemos que su decisión tuvo que arrastrar un coste», asegura Vicente Gutiérrez Solís, que trae a su memoria una reunión a la que asistió en Madrid donde Carrillo les informó de la marcha de las negociaciones.

Por aquel entonces había temor de que los vestigios de la dictadura dieran sus últimos coletazos tras la legalización del PCE. «Pensábamos que la extrema derecha no se iba a ir de forma callada al basurero de la historia», replica Llamazares.

Pocos meses antes, la ultraderecha había enseñado sus garras con el asesinato de cuatro abogados laboralistas y un conserje en un despacho del barrio madrileño de Atocha. Laura González admite que temió represalias de esos sectores y buena prueba de ello, afirma, fue la reclusión que sufrieron un grupo de militantes en el campo de fútbol de Llaranes. «Sabíamos que andaban tranquilamente por Avilés los mismos que habían asesinado a mi abuelo», lamenta.

«Si no teníamos miedo cuando estábamos en la clandestinidad no lo íbamos a tener después de la legalización», asegura 'Churruca' quien, a pesar de todo, admite su recelo «hacia una derecha franquista muy consolidada».

Transcurrido el tiempo, hay un lamento común. Los horizontes que se abrían con la legalización del partido se fueron convirtiendo en nubarrones. Con el paso de los años el PCE perdió su popularidad y una parte importante de su base social. Del mismo modo, muchos de aquellos que perdieron su vida en defensa del comunismo no han tenido todavía la merecida recompensa. «Es absurdo que aún estén en deuda con estos compañeros», remarca Gutiérrez Solís.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo


Canales RSS