El auditorio Príncipe Felipe de Oviedo acogerá esta noche, a las 20 horas, la presentación de una obra que busca dar a conocer a quien fuera 'el brazo derecho' de Santa Teresa de Jesús. 'Una carmelita en Flandes', elaborada por la asturiana Belén Yustes y la mezzosoprano Sonnia L. Rivas-Caballero, es una biografía que centra su atención en la vida de la beata Ana de San Bartolomé.
Cinco años ha llevado la confección de este libro que comenzó a fraguarse en la mente de sus autoras a raíz del éxito de 'Coloquio de amor', un álbum producido por Radiotelevisión Española, en el que la cantante ponía voz a poemas de Santa Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y, por supuesto, Ana de San Bartolomé. «Fue nominado a los grammy y se comenzó a reclamar una biografía popular», explica Belén Yustes que ha buscado, simplemente, divulgar su vida: «En un mundo actual en que los valores se pierden cada vez más, San Bartolomé es un ejemplo de entereza, de lucha por un ideal y de confianza plena en el propio destino», afirma.
Pero, ¿quién es Ana de San Bartolomé? Debido a la fuerza arrolladora de Santa Teresa de Jesús, siempre ha estado en un segundo plano, pero «fue muy importante en la vida de Santa Teresa, fue su secretaria, su enfermera, la confidente y quien expandió la institución carmelita fuera de España».
De analfabeta a culta
Lo más curioso, sin ningún género de dudas, es que la beata, una campesina analfabeta de Almendral, un pueblo toledano, pasara a ser una mujer culta en un santiamén. Una mujer que llegaría a aconsejar a la hija de Felipe II, la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos. El cambio fue tan brutal, que en el Carmelo «siempre ha sido considerado el hecho como uno de los milagros de Santa Teresa», dice Yustes, que a continuación explica como sucedió todo: «Cuando Santa Teresa estaba en Salamanca, estaba desesperada con tanta correspondencia y le preguntó a ver si la podía ayudar. Ella respondió que no sabía escribir ni su nombre. Santa Teresa le espetó: 'Pues aprende' y le dio una carta suya». Aquello tuvo sus consecuencias pues, según comenta Belén, hoy en día los expertos tienen muy difícil distinguir la grafía de una y de la otra.
Y ésta, en realidad, no es más que una muestra más de cómo la amistad se hizo inquebrantable entre las dos, a pesar de que en los últimos años de su vida, Santa Teresa vio como se destruía casi toda su obra. «Fue una relación entrañable y con una complicidad tremenda -apunta Yustes-. San Bartolomé fue el hombro en el que llorar, quien siempre estuvo ahí». Y es cierto. Cuentan, y así lo recordó Benedicto XV cuando la beatificó, que la propia santa Teresa le dijo «Ana, Tu eres santa, yo tengo la fama».
No titubeó ni la amistad entre ellas, ni tampoco la fe de la beata pues Belén Yustes comenta que San Bartolomé jamás vió su vocación peligrar, a diferencia de la propia Santa Teresa. Ya de niña, sintió la llamada de Dios y aseguraba que el niño Jesús había ido creciendo con ella, como un amigo más.
Paso a paso
Aunque pudiera parecerlo, por ser un personaje tan desconocido, no han sido tantas las dificultades para construir el libro. «San Bartolomé tenía una magnífica obra escrita, con dos autobiografías, y se conservan más de seiscientas cartas», cuenta. Ese legado escrito ha sido una base fundamental para el trabajo, pero también se han adentrado en todo el proceso de canonización de la beata, accediendo a lo que declararon en su momento las personas que la conocieron.
El resto de la documentación se ha obtenido mediante la visita a los conventos carmelitas, tanto a los españoles como a los franceses y belgas que fundó ella misma una vez muerta Santa Teresa. Allí encontraron algunas de sus reliquias. Quizá lo más sorprendente es que nada de lo relatado en el libro sa novelado. «Su vida fue así, por eso recurrimos a las citas y señalamos a pie de página las fuentes para demostrar que todo es cierto». De pe a pa.