Jueves, 19 de abril de 2007
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Marruecos declara el estado de máxima vigilancia por la amenaza de atentados
Las fuerzas de seguridad españolas destacadas en el reino alauí advierten de que la Embajada en Rabat y los consulados son «objetivos fáciles» Avisan de que los diplomáticos relajan las medidas de seguridad
Marruecos declara el estado de máxima vigilancia por la amenaza de atentados
VIGILANCIA. Policías marroquíes montan guardia ante el Consulado de EE UU en Casablanca. / AP
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El Gobierno de Marruecos «declara el estado de vigilancia máxima» en el país tras los últimos atentados terroristas de la pasada semana en Casablanca, aseguró ayer el portavoz y ministro de Comunicación marroquí, Nabil ben Abdelá. El ministro subrayó que el estado de alerta «no se ha modificado». «La situación afecta tanto en Casablanca como en otras ciudades y zonas sensibles del país», añadió Ben Abdelá, quien advirtió de que «el terrorismo puede golpear en cualquier momento».

El estado de 'vigilancia extrema' supone «reforzar la seguridad de los consulados, los hoteles frecuentados por los extranjeros y los lugares de culto, en Casablanca», donde se encuentra la segunda mezquita más grande del islam. El portavoz del Gobierno indicó, además, que el reino alauí «coopera e intercambia informaciones con los países del Magreb, así como con Francia, España y Estados Unidos para luchar eficazmente contra el terrorismo». «Estos intercambios son permanentes, casi diarios», añadió.

España y los españoles también son objetivos «vulnerables» y «fáciles» de atacar ante el riesgo de atentados terroristas que se vive en Marruecos, según han confirmado varios miembros de las Fuerzas de Seguridad destacados en el reino alauí. Entre los diplomáticos consultados no hay, sin embargo, demasiada preocupación. Prefieren ser discretos, evitan calificar la situación de alarmante y hablan de normalidad dentro de un clima de amenazas más serias, sobre todo, para Estados Unidos. «El terrorismo ha pasado a ser un aspecto más de nuestra higiene diaria», recalca un diplomático en su despacho con cristales blindados.

«Todo cambiará cuando haya un muerto encima de la mesa». Ésta es la advertencia de una fuente de la lucha antiterrorista española en Marruecos que cree que hay muchas personas que no son conscientes de que pueden convertirse en objetivo. Parece que queda demasiado lejos la muerte de dos turistas en un ataque perpetrado contra un hotel de Marraquech en 1994.

Hay diplomáticos y funcionarios de la Embajada y de los consulados que, en opinión de esta fuente, se relajan a la hora de mantener en el día a día ciertas medidas de autoprotección como intentar no repetir horarios e itinerarios y otras rutinas como visitar los mismos cafés o aparcar en los mismos lagares. Alguno de ellos ha llegado a reconocerlo directamente. Los vehículos de los diplomáticos llevan además unas placas amarillas con una serie de numeraciones gracias a las que cualquiera puede saber incluso a qué país pertenecen.

Aunque hasta el momento no se ha enviado más personal desde España, no se descarta reforzar próximamente la vigilancia de los edificios oficiales españoles una vez se haya comprobado sobre el terreno cuáles son las necesidades para hacer frente a la actual amenaza. Los funcionarios policiales destacados en Marruecos ya evalúan la situación, sobre todo en el Consulado de Casablanca. «Más que de alarma habría que hablar de preocupación», puntualiza uno de ellos.

España cuenta con una nueva Embajada en Rabat estrenada en 2004 e inaugurada por los Reyes en enero de 2005. Es un edificio, según las fuentes consultadas, donde las medidas de seguridad se tuvieron en cuenta ante la coyuntura que se vive en Marruecos desde hace unos años, sobre todo tras los ataques de mayo de 2003 en Casablanca. Para evitar atentados con coche bomba se colocaron, además, grandes macetones a lo largo del muro y se instalaron bolardos mecánicos en la puerta principal que evitan la entrada de vehículos sin autorización.

La situación, según las mismas fuentes, es bien distinta en los consulados, que tienen sus sedes en Tánger, Tetuán, Nador, Rabat, Casablanca y Agadir. Algunos de ellos son edificios antiguos situados en zonas céntricas y muy frecuentadas. España cuenta además con centros del Instituto Cervantes en Tánger, Tetuán, Fez, Rabat, Casablanca y Marraquech, así como una extensa red de una decena de colegios e institutos dependientes del Ministerio de Educación en diferentes ciudades del reino.

Aunque no son pocos los que califican de «chapuceros» a los cinco terroristas que se han inmolado en Marruecos en los últimos días causando la muerte a un policía, el hecho de comprobar que tienen a representaciones diplomáticas e intereses extranjeros entre sus objetivos ha sido suficiente para que se extremen las precauciones, aunque siempre de manera discreta. Se pretende mantener alto el grado de vigilancia sin alterar la normalidad del importante flujo de turistas que visita el país magrebí.

Siete terroristas muertos

En febrero, el Gobierno de Marruecos reconoció abiertamente que Al-Qaida intenta golpear en el interior del país. Desde entonces han muerto siete terroristas en Casablanca. El primero se inmoló el 11 de marzo en un cibercafé. La semana pasada uno fue acribillado a balazos y los otros cinco se inmolaron para no ser detenidos. Los dos últimos kamikazes saltaron por los aires el sábado pasado cerca del Consulado de Estados Unidos.

De esta forma se confirmaba algo sobre los que no cabía demasiadas dudas, que los radicales islámicos buscan entre sus objetivos intereses occidentales en Marruecos. En ese mismo barrio de la capital económica se encuentran otras representaciones diplomáticas como el Consulado de España. Rabat, que ya había aumentado su despliegue desde febrero, ha elevado las dotaciones de agentes que vigilan estos edificios y hay más vehículos patrullando sus alrededores de manera permanente. Uno de esos policías fue atacado a las puertas del consulado en Tetuán por un radical islámico armado con una espada y vestido a la afgana el pasado 1 de marzo.

 
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