«Si no has querido estudiar por lo civil, vas a estudiar por lo criminal». «Usted ha traído a su hijo al mundo, usted tendrá que poder con él. Y si no, lo que él haga lo paga usted». Son sólo un ejemplo del pensamiento de Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, 27 años de carrera judicial y 20 dedicado a los delincuentes más jóvenes, conocido por su imaginativas sentencias. Ayer inauguró en Gijón la Escuela de Seronda, encuentro juvenil que este año debate sobre la violencia, especialmente entre los jóvenes, y que seguirá haciéndolo también durante todo el día de hoy.
-He salido asustada de su charla. Ha juzgado 30 homicidios cometidos por menores; a un chico que había consumado 12 violaciones...
-Pues es lo que hay.
-¿Ha funcionado la Ley del Menor?
-Ha facilitado mucho la reinserción, aunque es algo en lo que nunca se ha creído. Se contempla porque estamos en el siglo XXI y nos da vergüenza. Pero el legislador no ha hecho una valoración seria de los resultados de la ley.
-¿En estos 20 años, qué ha cambiado en los jóvenes delincuentes?
-Ya no cometen delitos sólo los niños marginales; está aumentando el número de chicas que delinquen, y la chica que sale delincuente es mucho más dura que un chaval; y se ha incorporado el problema de los trastornos por consumo de sustancias estupefacientes. También ha aumentado el maltrato familiar y las agresiones. El delito estrella es el robo. Pero tenemos pocos delincuentes.
-¿Pocos?
-Hay gente que comete delitos pero, ¿quién no ha cometido uno en su vida? La ley permite distinguir entre los que comenten delitos pero no son delincuentes, y los que sí lo son. Un 15% de los chavales son carne de cañón, ya de chiquitillos ves que van a ser unos chorizos; un 70% ha cometido actos delictivos pero no son delincuentes, y el otro 15% es muy trabajable, depende de las circunstancias, los recursos...
-Habla del problema que supone la franja de 12 a 14 años, y la necesidad de hacer algo aunque la solución no sea judicializarla de nuevo.
- Yo daría más competencias a Servicios Sociales, pero sin medidas privativas de libertad.
-En esa franja de edad está la niña de 13 años de Gijón cuya madre ha pedido a los Servicios Sociales que se hagan cargo de ella.
-Estoy hablando de oídas, pero por los casos que yo conozco, hay que ver a esa familia, cómo se ha educado, qué ambiente ha tenido esa niña, si los padres han cumplido sus obligaciones... Segundo, la escuela, si también ha cumplido. Y si los Servicios Sociales han tenido constancia. Lo que está claro es que ha fallado el sistema: sus padres, la escuela o la sociedad. Ahora, cuando una madre, si ha cumplido sus obligaciones, reclama ayuda, la ley contempla esa posibilidad y eso es competencia de Servicios Sociales.
-¿Es frecuente?
-Es frecuente, no es un hecho aislado. No estamos dando respuesta a esos chavales que cometen hechos delictivos entre 12 y 14 años, y que comienzan con situaciones en las que los padres no llegan, no pueden. Y los chavales son conscientes, además, de su impunidad.
-Esta niña lo dice.
-Es que tiene razón. Y la madre, entre otras cosas, se está cubriendo ante posibles responsabilidades civiles. Si esa niña provoca agresiones graves, hay que indemnizar a la víctima. ¿Quién lo hace? La madre ya había pedido auxilio.
-¿Qué ha fallado para que una niña de 13 años esté en esta situación?
-Todo. Primero, la familia. Pero todo. También es verdad que hay chicos y chicas malas, pero no quiero pensar que esta lo sea. Normalmente es adquirido.
-¿Si hay que otorgar la responsabilidad a alguien, qué porcentaje le corresponde a cada uno?
-El 80%, los padres, y un 20% la escuela. Pero también la sociedad y los medios de comunicación.
-Mucha gente ha reflexionado estos días sobre el problema de haber dejado de decir 'no' a los niños.
-Muchas veces, el primer 'no' que recibe un niño es en la escuela. Eso es muy triste. Ahora, con los niños todo tiene que ser sí, sí, sí y ya, ya, ya, ya. Ya está bien. Casi siempre, los peores son los padres.
-¿Dejamos una puerta abierta a la esperanza?
-Todas, pero hay que llamar a las cosas por su nombre y decir a los niños 'no'. Y a los políticos, el que no funcione, a la calle, y que apuesten por el mundo del menor.