Domingo, 29 de abril de 2007
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SOCIEDAD Y CULTURA

CARTA DEL CORRESPONSAL BERLÍN
Safari en el Este
Una agencia promueve visitas en Berlín al volante de los coches que se fabricaron en la Alemania comunista
Safari en el Este
VIAJE AL PASADO. Unos turistas se disponen a conducir un antiguo 'Trabi' por las calles del nuevo Berlín. / E. M.ÜLLER
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El sol brilla en Berlín desde hace semanas y la ciudad luce radiante. Los días se han alargado, la ribera del Spree se está llenando de bares y los turistas llegan por manadas en busca de un pedazo de muro y disfrutar de una las capitales más vitales de Europa. El buen clima y la atmósfera casi de fiesta que reina en el ambiente me convencieron para emprender una aventura con la cual soñaba desde hace meses y que nunca había podido concretar por alguna razón misteriosa

El pasado miércoles me armé de valor, cogí el teléfono y reservé dos espacios para participar en un original safari a través del 'salvaje este' de la ciudad a bordo de un 'Trabi', ese pequeño automóvil inventado cuando imperaba el comunismo en la ahora desaparecida RDA y que después de la caída del muro sufrió el desprecio de sus propietarios.

Sí. Entre las muchas novedades que ofrece estos días la ciudad, como visitar a Knut, el oso polar más famoso del mundo, los alemanes y turistas pueden participar en sendos safaris para recorrer el lado occidental o el sector oriental de Berlin a bordo de los famosos coches. 'Trabi-Safari' se llama la aventura, el viaje dura 90 minutos y cada participante conduce su propio automóvil.

Poco antes de emprender la aventura, Franziska, la atractiva guía que dirige el safari, me dice que todos los aventureros (alemanes) que eligen el viaje en el sector este de la ciudad nacieron en la zona occidental de Berlín o en la antigua RFA. «Les divierte lo exótico del pasado y poder contemplar los restos del socialismo a bordo de un 'Trabi'», revela Daniela. Los 'ossis' -los alemanes que nacieron en la ex RDA-, en cambio, están contaminados por la nostalgia. «Después de 17 años sueñan con sentarse nuevamente en el interior de un 'Trabi'», cuenta Franziska. «A muchos se les llenan los ojos de lágrimas».

El miércoles mi grupo estaba integrado por tres parejas que habían llegado a Berlín desde Düsseldorf, y un berlinés amigo que estaba emocionado ante la idea de conducir un 'Trabi' por las calles de la zona Este. La aventura comenzó con una breve introducción a los secretos del coche, que parece de juguete, con carrocería de plástico y un pequeño motor de dos tiempos cuyo poderío asciende a unos miserables 26 caballos de fuerza.

Después de memorizar los movimientos de la palanca de cambios para poder poner en marcha el 'Trabi', Daniela imparte una orden perentoria a través de una bocina instalada en cada auto. «Iniciamos ahora nuestro tour a través del salvaje Este», dice nuestra guía, con voz profesional. Y antes de relatar la historia y los secretos de los monumentos y edificios que podremos ver a lo largo del safari, Franziska nos introduce en la historia de los 'Trabis'. «Su designación era Trabant 601 y tenia un significado muy simple», dice Daniela. «600 personas esperan recibir un Trabi y sólo uno lo consigue». La broma de Franziska es parte de la historia de la ex RDA. Los primeros 'Trabis', bautizados por la población como los «autos de cartón», comenzaron a rodar en 1957 y durante tres décadas sus constructores ignoraron los adelantos técnicos por órdenes del comité central del Partido Comunista.

Peor aún. A diferencia de los países capitalistas, los alemanes de la RDA no podían comprar su 'Trabi' en cualquier momento. Había que llenar una solicitud y si la suerte les sonreía, la espera duraba sólo diez años y costaba 12.000 marcos, el salario de un año.

La primera atracción de la caravana es la Wilhelmstrasse, la calle más emblemática en la época del nazismo. «Allí, donde está ese restaurante chino, se encontraba la cancillería de Hitler», dice Franziska sin emoción alguna. El viaje continua en dirección a la Postdamer Platz, donde se puede ver la réplica del primer semáforo que funcionó en Europa, pasa por la Puerta de Brandenburgo, donde un grupo de turistas aprovecha una luz roja para fotografiarnos y seguimos hasta llegar a la cancillería donde trabaja Angela Merkel. «Ella es una ossi», recuerda Franziska.

El recorrido cobra interés cuando la caravana llega a la avenida Karl Marx, la calle más elegante del comunismo alemán y donde aún se yerguen los 'palacios de los trabajadores', edificios de seis pisos que recuerdan la arquitectura stalinista de la vieja URSS. En la época comunista era un privilegio poder ocupar una de las viviendas, que estaban provistas de calefacción central, muros de tres metros y cocinas modernas. «Todos los palacios obreros fueron renovados y ahora la avenida se ha convertido en el monumento arquitectónico más largo del país y también en uno de los más caros», asegura Franziska. «Son los milagros del capitalismo», añade.

La caravana llega hasta Friedrichshain, otrora un barrio decadente y sucio que alcanzó fama después de la unificación gracias a las batallas que libraron los ultras contra los neonazis y los 'okupas' contra la policía. Ahora, Friedrichshain es un barrio de moda, está repleto de bares y cafés, los edificios recibieron una mano de pintura y ya nadie teme actos de violencia.

Los 'trabis' hacen ruido, los motores tosen, pero funcionan. La presencia de los 'autos de cartón' en las calles de Berlín asombra a los transeúntes, algunos aplauden y otros se ríen. La caravana está ahora frente a la Est Side Gallery, un largo trozo de Muro que fue pintado por artistas de diferentes nacionalidades.

El tramo final del safari transcurre por la avenida Unter den Linden, rodea la hermosa Gendarmenmarkt y cruza con orgullo el famoso paso fronterizo Check Point Charlie, por donde cruzaban, durante la Guerra Fría, los diplomáticos, los visitantes extranjeros de la ciudad y los espías. La travesía a través del 'salvaje Este' tiene su encanto, pero la mayor atracción del safari es el 'Trabi', el pequeño auto de plástico. Toda una experiencia.

 
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