Lunes, 30 de abril de 2007
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Nostalgias del centro
UN prolongado período de crispación entre PP y PSOE ha dado un relieve insospechado al avance electoral del centrista Bayrou en Francia. En España se vuelve a hablar del centro y del centrismo. Hablamos de un tercer partido como si los partidos pudieran fraguarse en un laboratorio. El propio Bayrou ha ido con mucha cautela y no da consignas a sus votantes para que en la segunda vuelta -el crucial 'ballotage'- se decanten por el 'postgaullismo' liberal-conservador de Sarkozy o por el socialismo evanescente de Ségolène Royal.

Bayrou dice que su objetivo no es coronar al rey -al monarca republicano- sino transformar la política francesa. En realidad, sabe que en el recuento de votos en la noche del 'ballotage' se vería que sus votantes no responden de modo uniforme. Toda consigna, en uno u otro sentido, implicaba un fracaso. Por eso Bayrou prefiere hablar de la fundación de un espacio centrista que se aposente de forma perdurable en las elecciones legislativas. Hasta entonces, puede ir viendo lo que le ofrecen los dos contendientes para el 'ballotage'.

En España, la ruda confrontación entre PSOE y PP desde el 11-M ha ido a más con las propuestas zapateristas de aproximación a ETA: ha sido, aunque tal vez esté amainando, un verdadero vendaval que ha logrado implicar elementos mediáticos hasta dar la imagen seguramente desorbitada de una España partida por la mitad. Por eso en las franjas centrales del electorado se perciben nostalgias del centro. La verdad es que ni la nostalgia es lo que era. Los años, tan positivos, de la UCD no fueron una balsa de aceite. Baste recordar los ataques del PSOE -y concretamente, de Alfonso Guerra- contra Adolfo Suárez, a quien también se añora y glorifica después de haberle tratado poco menos que como a un juguete roto. A la derecha de la UCD estaban entonces los 'Siete Magníficos' que luego fundaron Alianza Popular. Al disolverse la UCD en 1983, AP fue asimilando sus votos aunque tardó todavía largos años en convertirse en el PP que con Aznar llegaría al poder.

Mientras tanto, hubo no pocas conspiraciones para acabar con UCD, no pocas alentadas desde la derecha económica, con especial protagonismo de políticos democristianos. Adolfo Suárez quiso refundar el centrismo y creó el partido de Centro Democrático y Social. Por su parte, banqueros y patricios -considerando que la AP de Fraga había tocado techo electoral- impulsaron para las elecciones de 1986 lo que se llamaría 'operación Roca': la Operación Reformista. Parece como si estuviéramos hablando de hace siglos pero en realidad todo eso ocurrió anteayer. Por eso es curioso que, dado el inmenso fracaso de la 'operación Roca', políticos como Duran Lleida hablen de nuevo de la necesidad de una fuerza política de centro. También Artur Mas quiere saber donde está el Bayrou español.

Aquella operación reformista aprobada por Jordi Pujol sólo benefició a CiU: pasó de 12 a 18 escaños. Pero en toda España, el partido centrista de Roca no obtuvo un solo escaño. El partido de Suárez tuvo 19. Por su parte, la AP que por aquel entonces se llamaba Coalición Popular tuvo 105, uno menos de lo que tenía. Para el PSOE, aún perdiendo un millón de votos, la victoria fue de 182 diputados.

Esas fueron las últimas historias centristas. Recauchutado por Aznar, el centro-derecha no logró el poder hasta el año 1996. Once años después, los sondeos más recientes indican que casi un 60% de españoles apreciaría la existencia de un partido de centro. Es una consecuencia de la extremada confrontación entre Zapatero y Rajoy. En lo que las cosas no varían mucho en relación a 1986 es que solo un 8% se declara dispuesto a votar ese nuevo centro. Parece claro que PP y PSOE un día u otro tendrán que ponerse a bregar en por los territorios del centro.

 
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