Los autores del estudio insistieron en todo momento en que sus datos son «provisionales», puesto que la realidad de la región va más allá de los 21.000 desaparecidos de los que, ahora mismo, hay constancia.
De hecho, en la fosa en la que más se está trabajando, la de Valdediós, hay numerosos restos que no han sido «aún identificados», porque se carece del ADN de sus familiares «porque pueden haber muerto también o no saber que su pariente estaba ahí enterrado».
Además de la falta de familiares, los investigadores se encuentran, también, con la falta de restos, «porque la urbanización de las afueras de los concejos han llevado los huesos a las escombreras. Los constructores prefieren callar los descubrimientos a parar la obra».