Se llama 'Ingredientes' e intenta reflejar la visión que los europeos tenemos de los inmigrantes. Se trata de un cortometraje elaborado por un grupo de vecinos de Laviana procedentes de otros países. Son seis minutos de intenso trabajo audiovisual, en los que se puede escuchar frases como «esa viene a trabajarse al marido de alguna» o «soy médico pero tengo que esperar a que homologuen mi título en España para trabajar en mi profesión».
La idea surgió de nueve personas procedentes de distintos países latinoamericanos que, por circunstancias de la vida, coincidieron en Laviana. Sus inquietudes culturales les llevaron a reunirse cada cierto tiempo y entonces surgió la idea de crear una asociación. Apoyados por la organización no gubernamental Movimiento por la Paz y el Ayuntamiento de Laviana, intensificaron sus encuentros. Su punto de reunión es un local cedido en el Centro de Innovaciones del Alto Nalón (CIDAN).
Concurso
La idea de rodar un corto surgió tras leer un anuncio, que hablaba de un concurso de cortometrajes realizados por inmigrantes. «¿Nos presentamos!», resolvieron todos. Poco después, comenzaron a elaborar el guión, que nació de la idea de Jimena González, una joven Argentina que fue recogiendo todas las impresiones de sus compañeros hasta configurar la columna vertebral de 'Ingredientes'.
La obra refleja tópicos con el fin de que el público huya de ellos. Situaciones estereotipadas y prejuicios que surgen en el ámbito de un restaurante. El reparto del drama es claro: los clientes son matrimonios españoles y en la cocina y en el servicio están los inmigrantes. Unas escenas duras retratadas de forma irónica y con suaves pinceladas de humor, que fueron grabadas ayer en la sidrería Nalón, de Pola de Laviana, en una jornada maratoniana marcada por la solidaridad y el voluntariado.
Así, el equipo técnico estaba formado por un profesor y quince alumnos de la Escuela de Imagen y Sonido de Langreo, que aprovechaban la grabación como si se tratase de una clase práctica. La directora, Rebeca Iglesias, se encargaba de todos los detalles y se esforzaba en que cada cosa estuviese en su lugar en el momento oportuno. Entre escena y escena subrayaba que «estudié cine y hago esto para apoyar a la asociación, estoy encantada». A escasos metros y rodeando una apetitosa paella, menú central del corto, casi una veintena de actores, entre lavianeses e inmigrantes llegados a este municipio de lugares como Colombia, Cuba o Argentina.
Todos trabajaron durante más de diez horas de forma voluntaria para lograr el sueño de los inmigrantes: rodar un cortometraje. El siguiente paso será poner en marcha una asociación.