El párroco de Los Campos, Cancienes y Solís, José María Menéndez Fernández, acaba de cumplir sus bodas de plata como sacerdote y de haber participado en dicha conmemoración en un acto presidido por el Arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro. De su experiencia como sacerdote en varias parroquias valora el aprecio de la gente por la ayuda espiritual brindada.
-¿Cuando ofició la primera misa?
-La primera misa la oficié en mi pueblo natal, San Juan de la Arena, en la iglesia de San Juan Bautista.
-¿Recuerda qué sintió en aquella ocasión?
-Sentí muchos nervios, porque era algo nuevo, pero esperado con mucha ilusión, fue como haber llegado a un puerto al que esperabas llegar. En este sentido, hay una frase en Covadonga que dice que la misa debe celebrarse siempre con la misma ilusión y entusiasmo, ya sea la primera o la última, teniendo en cuenta que se celebra para conmemorar la muerte y resurrección de Nuestro Señor y la entrega de Él por nosotros. La frase es una reflexión enriquecedora que nos advierte de que somos hoy, pero no sabemos si seremos mañana.
-¿Qué dificultades supone estar a cargo de tres parroquias?
-Hace unos años sólo era párroco de Los Campos y de Molleda, pero tuve que abandonar esta última parroquia, continuando con Los Campos y haciéndome cargo de las parroquias de Cancienes y Solís. Los sacerdotes no podemos elegir destino, vamos donde nos mandan.
-¿Existe una percepción de los sacerdotes diferente a la realidad?
-Los sacerdotes somos seres humanos, que fallamos, y no me avergüenza reconocer mis errores cuando los cometo.
-Buena parte del vecindario de Cancienes sigue a la espera de que se aceleren los trámites para la beatificación de Eufrasio Barredo, fraile natural de Cancienes.
-La beatificación está próxima, tiene que ser este año, y nos ilusiona porque servirá como referencia de una vida ejemplar, sencilla y humana.
-¿Qué se puede destacar de su vida como sacerdote?
-Nació en Cancienes, fue hijo de un guardia civil, y por eso pasó su niñez entre Villaviciosa y Mieres y se educó con los hermanos de las Escuelas Cristianas. En 1912 ingresó en el colegio teresiano de Villafranca de Navarra desde donde pasó en 1915 al santo noviciado de Larrea (Vizcaya), al año siguiente al profesorado de humanidades de Marquina. Siguió los cursos de filosofía en Burgos y Vitoria, y los de teología en Begoña-Bilbao, antes de ordenarse en 1922. En los siguientes años se mostró como un reputado filósofo y escritor de temas doctrinales e históricos.
-¿Se conservan sus restos?
-No, porque según las informaciones de que disponemos le mataron durante la Guerra Civil y fue incinerado.
-¿Se conserva la pila bautismal donde recibió el primer sacramento?
-La piedra bautismal en la que fue bautizado se conserva en la iglesia de arriba de Cancienes como un recuerdo de sus primeros años en la parroquia.