El crítico literario Luis García Jambrina, coordinador de los encuentros de escritores que cada año se celebran en Verines, se interroga en este trabajo sobre cuáles son las razones que llevan a un individuo aparentemente bien constituido a hacerse adicto a los libros. Propone -no sin grandes dosis de ironía- que mientras se aísla al gen responsable de esta nefasta epidemia, se lleve a cabo una campaña de vacunación obligatoria para todos los niños y que se prohíba leer en lugares públicos o en centros de trabajo. Pero lo cierto es que prescindiendo de explicaciones científicas que nos ayuden a comprender el origen de este virus, cada uno de los relatos que integran esta antología nos recuerda de modo silencioso por qué la lectura resulta tan gratificante.
'Pasión de papel' (Páginas de Espuma) está estructurado en torno a cuatro ejes: escritores, editores, libreros y lectores. Cada una de esas cuatro partes está inaugurada por un prólogo de algún agente directamente implicado en el entramado editorial y completada después por una pequeña colección de relatos. Los encargados de realizar la selección de textos han sido Viviana Paletta y Javier Sáez de Ibarra. Ellos afirman que la propia estructura de la antología reproduce lo más fielmente posible el proceso que lleva hasta los lectores un libro: «Desde que se pergeña en la imaginación del escritor, a cómo se pone en manos de un editor, pasando por los correctores de pruebas o la ardua tarea de los traductores -ambos cuidando del idioma-, hasta que llega a los libreros y a los críticos».
Cabe destacar que todos corresponden a autores que escriben en lengua castellana, que no son textos 'de encargo', y que la calidad prima por encima de las firmas.
Sobre escritores
El autor Jorge Volpi firma la presentación de la parte correspondiente a los escritores en esta antología. Si García Jambrina comparaba el gusto por la lectura con una peligrosa enfermedad, Volpi no le va a la zaga y disecciona los paralelismos existentes entre ciertos parásitos y los autores. «Los insectos, como los escritores, son laboriosos, zumbones, se esconden durante un tiempo y luego exhiben sus colores; pueden molestar, irritar o herir, pero no pueden evitarlo», abunda Sáez de Ibarra. Los cuentos que conforman esta primera sección están firmados por Neus Aguado, Pedro Zarraluki, Enrique Vila-Matas (no podía faltar), el propio Volpi y Antonio Di Benedetto. Entre los temas abordados figuran celos, envidias y 'batallas de salón'.
Sobre editores
Recuerda Mario Muchnik en su pequeña presentación la entrañable figura del editor-ciclista: hubo una época no muy lejana en que un buen librero, por lo general hombre de pocos medios habituado a vivir más o menos a salto de mata, ponía en su punto de mira a algún amigo con ínfulas de escritor, le pedía un manuscrito, lo componía, lo imprimía, lo encuadernaba a mano y al día siguiente salía a «distribuirlo» en bicicleta entre sus colegas y compinches. Con el tiempo todas esas tareas se diversificaron y las figuras del editor obtuvieron su propia entidad. Viviana Paletta recuerda que cuando Mario Muchnik empezó, el camino del libro iba del autor al editor. «Hoy en día, en los grandes grupos editoriales se eligen autores mediáticos que garanticen una gran venta y se les provee de ideas», subraya. En la nómina de autores que han encontrado en la edición la idea para un nuevo cuento están Mario Benedetti, Rodolfo Walsh, Alberto Escudero, Cristina Fernández Cubas y Fabio Morábito.
Sobre libreros
«Los libreros somos una gente rara, poco dados a escribir, a escribirnos, ya que hemos optado por la lectura. Un librero es alguien que entre escribir y leer siempre prefiere leer». De este modo define a sus colegas de gremio la veterana librera Lola Larumbe. Los relatos de este apartado son los más melancólicos de la antología, quizás porque en las librerías nos topemos con la frustrante sensación de que jamás alcanzará el tiempo para leer todo lo que quisiéramos. «La venta de un libro -afirma Larumbe- es la expresión de un don raro, inusual, la manifestación de un arte que sólo los vistosos están llamados a realizar». El reflejo literario de ese oficio lo encontramos en los relatos de Isidoro Blanstein, Javier García Sánchez, el responsable del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón, Luis Sepúlveda, y Angelina Lamelas.
Sobre lectores
No podía faltar en una antología de estas características quienes son, dicen los expertos, los autores del 50% de cada libro que leen. Pere Calders, Leonardo Valencia, Iván Oñate, Carme Riera, Augusto Monterroso y Paloma Días-Mas encontraron en los lectores el germen de una historia.
Algunos se muestran obsesionados por la fama de un escritor; otros exploran el efecto de un libro que promete hacer rico a quien lo lea; los hay también de una erudición extraordinaria. Pero todos son esenciales en la literatura. Sin lectores, poco queda.
El prólogo intenta delimitar las razones por las que la lectura se puede convertir en un acto apasionado. «Podría ser el deseo de evadirse o escapar de una realidad que no le gusta o que le resulta frustrante. Hasta se ha extendido el rumor de que estos pobres tarados aspiran a una vida más rica, más libre, sin tener que recurrir a las drogas», asegura.