Lunes, 2 de julio de 2007
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La comarca recibe este verano a 21 niños saharauis en régimen de acogida
Hoy llega a Avilés el último grupo para pasar los meses de julio y agosto repartidos en diferentes hogares Llanes es el concejo en el que más familias se implican
La comarca recibe este verano a 21 niños saharauis en régimen de acogida
OPORTUNIDADES. Los pequeños saharauis tienen una fiesta cada verano en Cue con los amigos que hacen durante su visita al concejo llanisco. / N. A.
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Durante dos meses las distancias entre calles y pueblos del oriente asturiano y la ardiente arena del desierto, las tiendas de campaña y las jaimas azotadas por el viento del Sáhara argelino se acortan. Los 50º a la sombra son sustituidos por el clima asturiano y cientos de niños de entre 7 y 12 años se acercan a una cultura diferente dejando atrás hambre, pobreza y condiciones infrahumanas.

Más de 200.000 personas intentan sobrevivir desde los años 70 en campos de refugiados en el desierto de Argelia. Desde los 90 miles de familias españolas y, entre ellas, asturianas, acogen durante julio y agosto a miles de pequeños que, en muchos casos, no subsistirían al sol abrasador de los campos de refugiados, su hogar en tierras saharianas. Entre ambos mundos, el de la hambruna y el de las clases medias, existen unos mediadores que dan lugar a este acercamiento. Son los Amigos del Pueblo Saharaui, mediante su programa «Vacaciones en Paz», quienes hacen posible la unión de ambas culturas.

Llegada

Durante ésta y la pasada semana llegaban al Oriente 21 de los 350 niños saharauis dispuestos a enfrentarse a un nuevo clima y a repetir unas vacaciones en paz. 21 familias formarán parte de un programa que se implantó en Asturias en 1995 y que comenzó con la acogida de «dos o tres niños» por aquel entonces.

El único requisito a cumplir es «tener ganas». Ganas de poder entregar a los niños días veraniegos asturianos y librarles de los azotes del viento que sopla y el intenso calor que llega a alcanzar, en algún caso, los 60 grados.

Solidaridad, tolerancia, aprendizaje, salud, amistad, cariño y cultura se unen durante dos meses, entre las familias que acogen y los niños que llegan, en una experiencia vital para alguno de esos pequeños que no conseguiría sobrevivir al cálido y asfixiante clima saharaui que se endurece en la temporada estival.

Llanes acoge más

Los primeros en llegar lo hicieron el pasado jueves. La Casa de Cultura de Avilés recibía a un grupo de pequeños que llegaban a España por primera vez. De ahí, se distribuyeron a cada concejo asturiano. Hoy llegan los últimos, los que ya han venido otros veranos, los que saben cuál es su mundo y cuál les ofrecen estos meses.

Así, 21 familias de la comarca distribuirán a los saharauis del siguiente modo: a Peñamellera Alta llegará uno; otro a Ribadedeva; un niño llegará también al concejo de Cabrales; dos lo harán a Ribadesella; nueve a Llanes; tres a Cangas de Onís; uno a Colunga y tres más a Parres.

Llanes, desde que este programa se implantó en Asturias, ha sido el municipio que más se ha solidarizado con esta causa y es quien más niños acoge. Cinco de las nueve familias que han acogido a un niño ya lo han hecho durante veranos pasados. Normalmente, suelen acoger a un niño cuando cumple los 7 años y es el mismo quien viene hasta que cumple 12. Cuando finaliza su período de acogida, se suele acoger a otro niño de esa misma familia saharaui. También repiten Cangas de Onís, Parres, Ribadesella y Colunga. Las familias que han acogido en Peñamellera, Cabrales y Ribadedeva tendrán un niño saharaui por primera vez en sus casas este verano.

No hay ningún tipo de perfil específico en las personas que acogen. «Suelen ser familias de clase media, sin ningún tipo de pretensión, gente que, además de ser solidaria, puede compatibilizar su vida diaria con este tipo de labores humanitarias», explican desde la asociación.

Estas acogidas no son una huida de sus mundos. Son una garantía de salud, ya que una de las primeras visitas que hacen al llegar es al médico. Los niños son felices en el Sáhara porque viven en familias de perfecta armonía. Y aunque las condiciones dejan bastante que desear allí, los pequeños valoran más el cariño y la unidad familiar.

 
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