Con ser importante la mejora de las comunicaciones para superar el aislamiento de nuestra región, hay otras infraestructuras de transporte que resultan vitales para el progreso de Asturias y no cuentan con la misma atención de la clase política y la opinión pública, como son las líneas de alta tensión Lada-Velilla y Soto-Penagos. Sin la construcción de las llamadas 'autopistas eléctricas' el futuro energético e industrial de Asturias quedaría claramente comprometido.
La necesidad de construir líneas de transporte de alta capacidad (400 kw) para llevar la energía eléctrica generada en nuestra región a los grandes centros de consumo ubicados en otras comunidades es un objetivo antiguo, no en vano los primeros estudios de la línea que va de Lada (Langreo) a Velilla del Río Carrión (Palencia) datan del año 1983. Y los primeros estudios del otro corredor de alta capacidad, Soto de Ribera-Penagos (Santander), también se iniciaron en la década de los años ochenta del siglo pasado. La razón de esta demanda descansa en el desfase existente entre la electricidad generada en Asturias y el consumo regional. En Asturias se genera el doble de electricidad de la que se consume, y como la tecnología actual no permite almacenar la energía producida, urge ampliar la capacidad de las líneas de transporte eléctrico para llevarla a otros puntos de la geografía nacional. La paradoja asturiana consiste en tener el 2,1% de la extensión de la geografía nacional y contar sólo con el 0,8% del kilometraje de líneas de alta capacidad, pese a disponer de una generación neta del 7,8% en el conjunto nacional.
Esta situación de estrangulamiento energético se ha venido paliando con medidas provisionales, como la repotenciación de antiguas líneas llevada a cabo por Red Eléctrica Española para aumentar un 25% su capacidad. Sin embargo, la demanda de energía eléctrica precisa de las dos nuevas líneas proyectadas que estuvieron sometidas desde el inicio de su tramitación administrativa a un sinfín de obstáculos, al protestar ayuntamientos y grupos ecologistas por los daños medioambientales que causaba el tendido de las líneas. Los corredores eléctricos encuentran mucha menor comprensión que los trazados de carreteras, porque la gente aprecia la ventaja de acortar el tiempo de sus viajes, pero no palpa los beneficios de una línea eléctrica de alta tensión, ya que se lleva muchos años recibiendo suministro eléctrico en el hogar sin incidencias. En la queja contra las autopistas eléctricas no faltaron razonamientos simplistas, como el de considerar un despilfarro la generación de más energía de la que se consume, como si el mercado de bienes y servicios se pudiera encerrar entre las fronteras de una región sin intercambios con el exterior.
Por las razones expuestas, las dos líneas de alta capacidad, Lada-Velilla y Soto-Penagos, pese a estar recogidas en el plan de inversiones hasta el año 2010 de Red Eléctrica Española, acumulan retrasos. El caso más preocupante es el de la línea Lada-Velilla (ahora rebautizada como Sama-Velilla), prevista para finales del año 2011, pero que tiene miles de alegaciones presentadas sobre el anteproyecto y el estudio de impacto ambiental. En este contexto resultan preocupantes las manifestaciones electorales del ministro de Defensa, José Antonio Alonso, candidato socialista por León al Congreso de los Diputados, rechazando el trazado propuesto por su impacto ambiental. Estas declaraciones han obtenido inmediata réplica por parte de la FSA, al pedir que se haga a la mayor brevedad posible la línea Sama-Velilla que transporta la electricidad fuera de la región.
En los últimos años se ha abierto en Asturias un proyecto de desarrollo industrial en torno a la renovación del viejo parque termoeléctrico, al aprobarse la construcción de una planta regasificadora en El Musel y activarse la demanda de más de media docena de ciclos combinados por parte de los principales operadores (Endesa, HC Energía, la irlandesa ESB), así como la posibilidad de construir una planta supercrítica de carbón en Aboño. Las peticiones de parques eólicos, actualmente congeladas por la moratoria, también se suman al paquete total de inversiones que podría dar trabajo a unas 12.000 personas durante la construcción de los equipamientos, y que luego crearía cerca de 1.000 puestos de trabajo directos, a los que habría que sumar los indirectos de las empresas especializadas en dar servicios a las plantas de energía. Todo este esfuerzo de las empresas y las administraciones quedaría en suspenso si la electricidad generada carece de líneas de alta capacidad que la lleven a los grandes centros de consumo nacional. Asturias no puede permitir que la suma de visiones miopes e intereses dudosos frenen su progreso.





