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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Opinión

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La sanidad pública

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Con la que está cayendo sobre la sanidad pública, da miedo ponerse a opinar sobre ella por temor a estropearla más todavía. Dicen los expertos que tenemos la mejor asistencia sanitaria del mundo mundial -y me lo tendré que creer- porque es un derecho universal en nuestro país y ahí posiblemente está su magnificencia, porque en cuanto a sus prestaciones ordinarias es manifiestamente mejorable.

Yo no soy quién para entrar en el debate de la ampliación de la jornada a las tardes de los profesionales del Sespa, pero, desde luego, las instalaciones ambulatorias no están suficientemente aprovechadas en jornada matinal exclusivamente. Y eso no me lleva al absurdo de ¿por qué no por las noches?, ya que la mayoría de la población duerme y, salvo casos inevitables, no acude al médico a dichas horas.

No sé que relación directa tendrá con las urgencias la ampliación de la jornada ambulatoria, pero el 'espectáculo' del servicio de Cabueñes -algo menos en Jove- en torno a urgencias supera cualquier serie televisiva. Cada vez que por circunstancias no deseadas lo contemplo, me hago cruces de que cómo los profesionales de la medicina pueden trabajar en esas condiciones.

No dudo de su eficacia, pero objetivamente no es la situación ideal para diagnosticar y curar a los enfermos. Ya sé que mucha culpa de esa saturación la tenemos los propios pacientes y sus familiares que acudimos en masa, como si fuéramos un equipo auxiliar para aliviar su dolor. Pues entonces alguien deberá educarnos, limitarnos y hasta prohibirnos acudir a un servicio de urgencias si no peligra nuestra vida.

Pero también para ello deberá darnos opciones sanitarias -asistencia ambulatoria y demás- que haga de filtro para no recargar urgencias. Claro que para ello es necesario más presupuesto y entonces habrá que revisar la financiación de la sanidad pública en serio -¿para qué se utiliza el 'céntimo'?-, el copago de las consultas a partir de un crédito mensual y el gran negocio de los laboratorios con un gasto de farmacia innecesario en número de dosis y precios, que corresponden más a cosméticos que medicamentos. Y, cómo no, 'mimar' a los profesionales, pero sin olvidar éstos han optado por una carrera que está dedicada a salvar vidas humanas, no a fabricar coches ni plantar patatas.

Por ello, todo el mundo entenderá -seguro que ellos/as los primeros- que deben estar bien pagados -atendiendo al nivel de vida del resto de los conciudadanos-, pero también sus derechos laborales deben mirar primero a su responsabilidad profesional libremente elegida.

Que Dios reparta sensatez y menos guerra mediática en este asunto, ya que está en juego algo muy serio.

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