Le pegaba hasta con el bastón desde su silla de ruedas. Su limitación física no era un impedimento para maltratarla. Cansada, la mujer tomó una decisión importante y cortó con aquello. Lo dejó y acudió al servicio de Atención Psicosocial a la Mujer, en La Ería. Porque, aunque lo había sacado de su entorno, no podía olvidar esos momentos de angustia. La imagen se repetía una y otra vez aunque vivieran ya en casas distintas, separadas por kilómetros. «Lo veía por todas partes», relata la responsable del programa del centro sanitario, Concepción Fernández Pol, sobre una de las secuelas que presentó una paciente.
Éste es sólo uno de trastornos postraumáticos registrados entre las usuarias atendidas (280 en 2008, según la memoria del centro) dentro del programa a atención a las víctimas de violencia de género en el ámbito familiar, de referencia para toda la región.
El servicio representa una alternativa a las casas de acogida para mujeres, como la de Ventanielles. «Algunas tienen otro tipo de recursos, como familiares con los que irse», pone de ejemplo la directora del Instituto Asturiano de la Mujer, María Fernández Campomanes, que ayer acudió al Servicio de Atención Psicosocial para una reunión de trabajo con las responsables. Hay más circunstancias frecuentes entre las víctimas: otras incluso continúan la relación de convivencia con su agresor o se encuentran en proceso de separación, pero tienen dificultades para superar la situación.
El programa comenzó en 2003. Desde entonces, por el servicio han pasado 822 mujeres, que acuden de media de 2 a 3 años, explica la jefa de la Unidad de Coordinación de Salud Mental del Servicio de Salud del Principado, la doctora Beatriz Camporro.
Abordar el perdón
Ningún caso es igual, aunque en el fondo se encuentran coincidencias. «Hay mujeres que sí identifican que una bofetada es violencia» pero que, sin embargo, no saben cómo abordar el perdón y el arrepentimiento de su compañero por la paliza o por los insultos, comenta Fernández Pol.
Una vez que la mujer, bien sea derivada de otros centros de salud, hospitales o servicios sociales, llega a los profesionales de La Ería, «se hace un análisis de la demanda, analizando el tipo de maltrato y las secuelas que tiene», añade la psicóloga clínica, una de las tres que trabajan en el programa.
A partir de ahí, hay dos tipos de atención: la psicoterapia individual, y los grupos de autoayuda y talleres específicos. Se les enseña a reconocer los patrones de relación con su agresor, prevenir relaciones de maltrato, proporcionar apoyo emocional, mejorar la autoestima o a afrontar relaciones de pareja futuras. Todo, para que superen la situación de maltrato vivida.