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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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GIJÓN

La construcción de 102 minipisos supondrá derribar la antigua residencia de los internos, con habitaciones individuales y capacidad para 400 alumnos

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El ala Oeste de la Laboral
Fernando Vizoso (izquierda) y Antonio González Díaz, en una zona de la residencia de estudiantes que se habilitará para minipisos. / FOTOS ALEX PIÑA
«Teníamos nuestra propia habitación, con cama, armario, escritorio y calefacción. Era un lujo que, en aquellos tiempos, no estaba al alcance de muchas familias». Antonio González Díaz tenía 17 años en 1962, y fue uno de los inquilinos de la residencia de estudiantes de la antigua Universidad Laboral, de los 'internos' que compatibilizaban los estudios con otra enseñanza no menos importante: la convivencia con sus compañeros. Todos ellos, en torno a cuatrocientos, vivían en el ala Oeste de la Laboral, en habitaciones de unos diez metros cuadrados cada una y con vistas, muchas de ellas, a Somió. Otras, a los antiguos campos de fútbol. Han pasado muchos años, casi medio siglo, pero a Antonio aún se le dibuja una sonrisa en su rostro cuando entra en su vieja habitación, aún existente, aunque destartalada. No tenía número en la puerta, pero la recuerda como si fuera ayer, como también recuerda a sus compañeros y unos años de convivencia marcados por la disciplina y la enseñanza. Echa un vistazo hacia atrás. Sabe que será la última vez que verá su vieja habitación o la que, en otro curso, ocupó en el 'comedor corrido' de la última planta. En dos semanas todo ese interior lleno de historia, de sueños, de recuerdos, será demolido. Se crearán los minipisos para jóvenes. Serán mucho más modernos y funcionales. Una necesidad para el siglo XXI, pero nunca será lo mismo.
Recuerdos y nostalgia
El único recuerdo que quedará de la vieja residencia será la estructura interna, la cerámica de Talavera que aparece por doquier, sobre todo en las escaleras, y un particular gres que ocupa parte de las paredes. Son esos elementos diferenciadores que la empresa Procoin, encargada de las obras, respetará a la hora de estructurar de nuevo los 8.000 metros cuadrados y de crear 102 minipisos. La entrada general se habilitará al lado mismo del aparcamiento en superficie, ubicado en la parte trasera de la Televisión del Principado (TPA), y con acceso directo por la carretera del Intra. Un hall dará entrada tanto a las escaleras como a dos ascensores que serán los utilizados por los futuros inquilinos. La planta baja será destinada a servicios generales, pero hay espacio más que suficiente para los futuros minipisos. Para verlos deberán pasar los 16 meses de plazo que tiene Procoin para realizar la obra. La residencia de estudiantes de la Laboral habrá pasado, entonces, a la historia, aunque nunca se borrará de la memoria de sus miles de jóvenes inquilinos.
Tanto Antonio González como Fernando Vizoso, ambos ex alumnos de la Laboral, recuerdan orgullosos aquellos tiempos de vida en comunidad escolar, cuando eran despertados a las siete y media de la mañana a golpe de timbre o de música, para iniciar una jornada escolar dura, pero más que llevadera. Reconocen que, aunque la mayoría de los alumnos tenían entre 15 y 17 años, en la zona de habitaciones había bastante disciplina. «Teníamos un delegado que elegíamos nosotros mismos -recuerdan orgullosos- y que tenía toda la autoridad para controlar la situación. Hay que tener en cuenta que las habitaciones no tenían llave en la puerta, siempre estaban abiertas y, desde luego, se controlaba que las camas estuvieran perfectas. En caso contrario, era el propio delegado el que se encargada de destrozarla para que el interno la hiciera de nuevo». Eso sí, en cada esquina y por planta dormía un jesuita que, de alguna forma, también actuaba de indirecto control.
Por más que pueda parecer increíble, las zonas de las habitaciones, en cuatro o cinco plantas, aún conservan sus viejas formas, bien es cierto que bastante destartaladas. Empezaron a utilizarse a finales del año 1955 y, ya a mediados de los años ochenta del siglo pasado, quedaron abandonadas. Han transcurrido veinticinco años, aunque más que el paso del tiempo fue la utilización sin control de aquellas habitaciones las que las dejó casi arrasadas. En ello, por lo que parece, tuvieron mucho que ver otro tipo de 'internos', en este caso los que intervinieron en los Encuentros de Juventud de Cabueñes en sus primeras ediciones, también a mediados y finales de los años ochenta. No había entonces ni delegados ni curas que pusieran control. Era el principio del fin.
Antonio González y Fernando Vizoso recuerdan los tiempos en los que la iglesia de la Laboral aún no había sido terminada, se inauguró en el año 1957, y las misas se celebraban en el bajocubierta de la residencia, una especie de zona multiusos que servía igual de capilla que de improvisado dormitorio. «Nunca desaparecía nada. El robo podía suponer la expulsión y nadie se atrevía a ello. Nos duchábamos cada dos días, salvo que se hiciera deporte, y siempre había alguno que intentaba saltarse esta norma. Si ya olía mal, hasta se le obligaba a ducharse, eso sí, con bañador, pero con la puerta abierta para comprobar que era de verdad». Estos y otros recuerdos se acumulan en las mentes de Antonio y de Fernando mientras, no lo pueden evitar, fruncen el ceño viendo el cúmulo de escombros en lo que se ha convertido su vieja residencia. «¿Nostalgia? No es eso -dicen- porque reconocemos que los tiempos cambian y hay que mejorar, pero sí te vienen a la memoria muchos recuerdos de nuestra niñez, de la vida en la Laboral cuando el nivel de exigencia escolar era enorme y podías perder la beca a la mínima. Las cosas son ahora muy diferentes».
Les queda el consuelo de que la fachada hacia Somió quedará igual. Podrán verla desde el exterior. Tampoco descartan visitar los futuros minipisos. También serán para jóvenes.

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