El gijonés Ignacio Fernández Fidalgo pertenece a la Administración Marítima española, por oposición, desde que la Ley de Puertos y de la Marina Mercante, en 1992, propició el traspaso de las antiguas comandancias militares de Marina a la administración civil. Tras una breve estancia en Motril como inspector de buques, y en Tenerife, como capitán marítimo, es desde septiembre de 1993 capitán marítimo de Gijón y primer titular, hasta ahora el único, del citado departamento. Aunque se trata de un cargo de confianza y, por lo tanto, de libre designación, su perfil es más técnico que político.
-¿Se nota mucho la crisis en la mar?
-Hay áreas en las que sí. El tráfico marítimo ha disminuido y la matriculación de barcos, también, no sólo en la lista de embarcaciones de recreo, que es en la que se produjeron más altas en los últimos años, sino también en todas las demás. Pesqueros, por ejemplo, hace dos años que no matriculamos ninguno, porque la renovación de flota con ayudas europeas ha parado.
-¿Y la inspección...?
-Hay que distinguir entre el seguimiento de las nuevas construcciones, que en el ámbito de Gijón también ha disminuido por la actual situación de los astilleros, y las que se realizan para controlar las condiciones de navegación, conforme al Memorándum de París. Estamos inspeccionando en torno al 85% de los barcos disponibles, con exámenes exhaustivos y exigentes, así que trabajo hay.
-¿Qué significa eso de barcos disponibles?
-Quiero decir que si llega a El Musel un barco procedente de Amberes, por ejemplo, y ya fue inspeccionado allí, no tiene sentido volver a examinarlo. Tampoco los de líneas regulares son inspeccionados, lógicamente, en todas las escalas.
-¿Qué conclusiones se pueden extraer, en general, de esas inspecciones?
-Los barcos están cada vez más cuidados y cumplen mejor las normas exigidas. En 2008 inspeccionamos 77 buques y se produjeron 7 detenciones. Este año, durante el primer semestre, inspeccionamos 43 barcos y sólo hubo que detener a uno.
-¿Es Gijón puerto duro en la lucha contra los barcos subestándar?
-Las inspecciones son bastante rigurosas. Siempre van, al menos, dos inspectores, porque uno no puede verlo todo, y, a veces, hasta cuatro. Aparte de eso, como es natural, se aplican criterios estándares, así que no debería haber puertos más duros que otros.
-¿También son más respetuosos los buques con el medio ambiente?
-Hace tiempo que no tenemos un 'sentinazo', como decimos cuando un barco limpia las sentinas con vertidos ilegales. Se controla mejor porque, con los medios existentes, incluidos los aviones de Sasemar (Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima), una acción así se nota mucho.
-¿Da mucho trabajo a la Capitanía la ampliación de El Musel?
-No. Los informes que teníamos que emitir se hicieron antes de que comenzara la obra y ahora se está cumpliendo lo pactado, así que no hay muchos más informes que redactar.
-¿Seguirá siendo El Musel un puerto plenamente accesible tras la ampliación?
-Todos los estudios y simulaciones apuntan a que sí. No voy a decir que todos los barcos podrán acceder al puerto de El Musel los 365 días del año, pero también ahora puede ocurrir que determinado buque, por sus características, tenga que esperar a la pleamar o a que pase lo peor de un temporal, así que no se perderá accesibilidad. En diecisiete años que llevo como capitán marítimo de Gijón no se cerró nunca El Musel y espero que siga así.
-¿Qué tipo de flota le da más problemas?
-La mercante siempre dio muy pocos problemas. La pesquera es más peculiar, pero aquí son buenos profesionales y no me quejo. Prueba de que no hay motivo para ello es que el número de expedientes sancionadores es bajo. Por su parte, la flota de recreo es la menos profesional, pero, no obstante, quienes navegan en el Cantábrico no pueden ser domingueros. Saben que es un mar de cuidado.
'Prestige' y procesiones
-¿Cuál fue su peor experiencia como capitán marítimo? ¿Tal vez el 'Prestige'?
-No. El 'Prestige' nos dio mucho trabajo porque fue una emergencia larga que nos obligó a estar muy pendientes en fines de semana, Nochebuena, Año Nuevo y en todo momento. Pero cuando peor lo pasé fue cuando se metió en Naval Gijón la Construcción 610, que venía de Ucrania para completar armamento. Lo metieron los prácticos Ángel Caballero y Marco, pero en la maniobra estuvo presente la Corporación de Prácticos en pleno y yo mismo estaba a bordo del barco. Había un riesgo alto de problemas.
-¿Es razonable asumir un «riesgo alto»?
-A veces hay que arriesgar. Si no, posiblemente Naval Gijón hubiera tenido que cerrar en esa fecha.
-Las procesiones le dieron también algún problema...
-Pero todas las que se celebraron hasta ahora cumplieron con la normativa, aunque fuera a última hora. Si en algo fuimos permisivos fue en cuestión de plazos para pedir permisos y cosas así, pero no en lo relacionado con la seguridad.
-¿Se regula más de lo que se puede cumplir?
-Se regula lo necesario y no creo que sea excesivo. Lo que aparece en el BOE hay que respetarlo, aunque no guste, y eso obliga tanto a los administrados como a la Administración.
-¿Perdió Gijón con la división marítima de Asturias?
-Perdió liderazgo, pero no pasa nada. La Capitanía mantiene su categoría y la de Avilés la mejoró.