Viento flojo y variable. Mar en calma y sol de julio. Una climatología tan benigna anuncia la llegada de nuevas pateras. Daniel Iglesias basa este pronóstico en algo más que una intuición. Dirige el Equipo de Respuesta Inmediata y Emergencias de la Cruz Roja en Tarifa. Conforman las primeras manos que auxilian a miles de hombres, mujeres y niños que apenas pueden caminar tras más de siete horas hacinados en una embarcación.
Nieves García también sabe que llegarán más embarcaciones con seres humanos en condiciones precarias. Lleva 21 años denunciando este drama que tiñe de sangre las costas gaditanas. Culpa a las mafias, pero responsabiliza también a los gobiernos de la Unión Europea que, a su juicio, han cometido la aberración de catalogar a una persona de «ilegal», por el mero hecho de carecer de documentación. Nieves es militante activa de la Asociación Pro Derechos Humanos en Tarifa.
Francisco Salvatierra asiste al nuevo repunte de muertes en El Estrecho de Gibraltar con preocupación. Lleva pocos meses como sepulturero en el cementerio de Tarifa y aún no le ha tocado enterrar a ningún emigrante. Sus compañeros le han dicho que, desgraciadamente, sólo es cuestión de tiempo.
Daniel, Nieves y Francisco son vecinos de la verdadera 'zona cero' de la inmigración en la costa andaluza. Los 14 kilómetros que separan el faro de Tarifa de tierra marroquí la convierten en un improvisado puerto eterno. El despliegue en 2004 del SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior) supuso un punto de inflexión en la llegada de pateras. El porcentaje se redujo de forma drástica. Las rutas se orientaron a las Islas Canarias y a las provincias andaluzas de Almería y Granada o al levante español.
En la última semana de junio y en la primera de julio, sin embargo, se ha producido un inesperado repunte de esta macabra actividad: nueve muertos y 152 personas rescatadas en aguas de Tarifa y Barbate en alta mar. Cifras que, sin llegar ni de lejos a la de hace cuatro o cinco años, suponen un notable incremento. Más allá de la polémica sobre si el SIVE tiene zonas de 'sombra' o las nuevas técnicas de las mafias , esta crisis arroja un nuevo debate. «La sociedad ya no se conmueve al ver a gente perder la vida en su intento por alcanzar una vida mejor», expone José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, quien califica de «vergonzosa» la «respuesta» que da la UE a la inmigración, al tiempo que critica a Marruecos por «no controlar» la salida de embarcaciones hacia España.
Ley de Extranjería
Nieves García comparte el análisis de Chamizo, pero va más allá. Entiende que la Ley de Extranjería, tanto la actual como las anteriores, es en parte responsable de tanta fatalidad: «Se criminaliza a un ser humano por no tener 'papeles', algo que no deja de ser una falta administrativa». Nieves, como otros de sus amigos, desafían a la Ley y dan cobijo a los inmigrantes que se encuentran vagando por playas o campos. «Lo hago por justicia, porque tras estar a punto de morir, el Gobierno los mete 60 días en cárceles y los deportan, a veces a países que no son ni el suyo, por eso lo volverán a intentar», comenta.
La Asociación Pro Derechos Humanos estima que, en las dos últimas décadas, el Estrecho ha sesgado la vida a más de 7.000 emigrantes. También, que en los últimos diez años, el negocio del tráfico de personas ha podido generar 2.000 millones de euros, a razón de entre 500 y 3.000 euros por emigrante.
Una vez al año, en el cementerio de Tarifa se organiza un acto en recuerdo de las víctimas de esta sinrazón. En el camposanto, existe una fosa común y varios nichos con una misma inscripción en la lápida: 'Inmigrante fallecido en El Estrecho' y el año de la muerte.