L A gripe es una enfermedad que acompaña al ser humano desde hace muchos siglos y nunca fue una buena compañera de viaje. A pesar de estar habituados a ella, en cada otoño-invierno, en determinadas ocasiones, la gripe alcanza niveles de difusión y virulencia tales que genera pandemias que ocasionan gran cantidad de casos de enfermedad y bastantes defunciones.
La gripe en sí, generalmente, es una enfermedad banal que se suele comportar casi siempre de la misma manera. Todos conocemos, pues, sus síntomas habituales. El hecho de que la conozcamos tan bien es debido a que casi un 10% de la población se afecta en cada invierno de esta enfermedad y eso es debido a la gran facilidad de su contagio, al ser un mal que se transmite a través de gotitas que son expulsadas por la tos y los estornudos de las personas enfermas.
La gripe habitual sólo ocasiona problemas a una pequeña proporción de personas afectadas al causar neumonías e ingresos hospitalarios. En ocasiones, también produce fallecimientos en personas que tienen previamente problemas de salud y a las que la gripe, de alguna manera, desestabilizaría aunque no sea la causa primaria de defunción.
¿Qué tendría, pues, de particular la actual gripe A? En primer lugar, debemos recordar que la gripe A ha existido siempre; tanto es así que, en todas las temporadas la epidemia gripal siempre es causada por un virus gripal A, en sus distintas variantes. En segundo lugar, la gripe es una enfermedad bien conocida y su comportamiento es, en general, fácilmente predecible y, de hecho, en la actualidad, esta nueva gripe se está comportando tal y como estaba previsto en su aparición. Entonces, ¿por qué esa pequeña proporción de incertidumbre genera gran inquietud en las autoridades sanitarias? Es bien sencillo de explicar: el virus gripal es un ser vivo que cambia rápidamente sus características genéticas, clínicas y epidemiológicas, lo que hace que ante un virus con capacidad de extensión al conjunto de la población mundial ésta se pueda ver sometida a la infección por un virus con gran potencialidad de producción de enfermedad o complicaciones.
Evidentemente, no todos los cambios empeoran la situación. Sin embargo, para saberlo es necesario que exista una vigilancia estrecha e intensiva de la circulación de los virus, del número de casos que suceden, de sus características clínicas (síntomas, gravedad...), epidemiológicas (quiénes, cuándo y dónde enferman), etcétera. Toda esa información podemos, posteriormente, analizarla y evaluarla. Actualmente, casi todos los países del mundo, por recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), han implantado estos sistemas de vigilancia desde hace varios años.
De la información disponible a día de hoy, la nueva gripe A/H1N1 en el mundo se está comportando como cualquier gripe de las temporadas epidemiológicas habituales en el aspecto clínico. Las personas enfermas tienen los habituales síntomas de tos, fiebre, dolor de cabeza, malestar general, etcétera. La inmensa mayoría de los casos confirmados hasta ahora son de carácter leve, algunos incluso sin síntomas. Además, se observa que existe una considerable cantidad de casos que pueden no estar confirmados y que son personas que no tienen síntomas o éstos son tan banales que ni siquiera demandaron asistencia sanitaria. Estamos hablando, pues, de una enfermedad que ya ha afectado probablemente a millones de personas, de las que se han confirmado virológicamente cerca de 100.000 casos.
No obstante, sí son diferentes -aunque no preocupantes con respecto a la gripe estacional- los aspectos epidemiológicos. En la habitual gripe, la incidencia se centra en las edades pediátricas y en la población mayor de 65 años. No es el caso de la nueva gripe A. Esta nueva gripe afecta, hasta el momento, mucho más a personas adolescentes y adultos jóvenes y se reduce considerablemente la incidencia a partir de los 30 años de edad.
En su momento, como la mayoría de los casos eran importados, se pensó que esas edades eran las que correspondían a la mayoría de los viajeros, pero con la difusión del virus con casos autóctonos se sigue observando el mismo patrón de edad: no están siendo afectados especialmente los niños y las personas mayores, incluso en países donde ahora mismo se enfrentan al invierno austral. Eso no tiene que significar ni una mejor ni una peor situación, simplemente el virus ha cambiado de huésped preferido.
Está habiendo en el mundo, también, defunciones asociadas a esta nueva gripe, que son el corolario de las distintas complicaciones que pueden suceder cuando la aquélla afecta a personas con diversas condiciones médicas. No obstante, considerando el número elevado de casos, tanto clínicos como asintomáticos, parece que la letalidad (número de personas enfermas que fallecen de esa enfermedad), en términos cuantitativos, está siendo inferior a la que sucede en una temporada habitual de gripe. De todos modos, sí se está observando un cambio cualitativo en la presentación de las complicaciones: éstas, a pesar de ser menos numerosas, afectan a personas no habituales. Afectan principalmente a personas jóvenes o maduras, con enfermedades de base, y a embarazadas, siendo muy poco frecuentes las complicaciones en personas mayores de 65 años con enfermedad de base o sanas.
A nte esta situación, las autoridades sanitarias están reforzando los sistemas de vigilancia para observar cualquier cambio. También están estableciendo medidas de intervención con vacunas y fármacos y organizando la atención sanitaria para que, cuando llegue el invierno, se prevenga adecuadamente de la infección y de sus complicaciones y se atienda como es debido los casos de gripe que vayan apareciendo, particularmente con la llegada del otoño-invierno.
¿Qué podemos hacer nosotros como ciudadanos? En general, es fundamental seguir unas buenas prácticas higiénicas, guardar la calma ante la aparición de casos, evitar el contacto cercano con personas enfermas, si se enferma quedarse en casa mientras duren los síntomas, no compartir objetos personales, ventilar diariamente la casa y, en caso de que la enfermedad no evolucione favorablemente, llamar al 112 antes de acudir a nuestro médico de cabecera. Allí le dirán lo que tiene que hacer.
Esta gripe nos enfrentará a nuevos retos en el próximo otoño, como son la mayor demanda asistencial en el sistema sanitario, la mayor morbilidad -especialmente en determinadas edades- y los cambios en las personas que tendrán mayor riesgo de complicaciones. Una sociedad organizada y estructurada como la nuestra, sin duda, será capaz de responder adecuadamente a ese reto.