La villa de Colombres vivió ayer el día grande de su II Feria de Indianos, una actividad que recuerda a los emigrantes o descendientes de emigrantes, principalmente de la cornisa cantábrica, que tras desplazarse a América motivados por el afán de hacer fortuna regresaron a su tierra natal. Partieron jóvenes, reclamados por sus familiares, en busca de una mejor situación económica, y sus principales destinos eran México y Cuba, así como Argentina, Uruguay, Brasil o Venezuela. Al regreso se convirtieron en benefactores y al sentir añoranza de aquellas tierras de promisión terminaron plantado palmeras en la entrada de sus casas.
La apertura de la Feria tuvo lugar a mediodía, en presencia de Alejandro Reimóndez, alcalde de Ribadedeva; Miguel Ángel González Vega, alcalde de Val de San Vicente, y Esther Canteli, de la Sociedad Regional de Turismo.
La vecina Sara Ruiz fue la encargada de leer el pregón, un texto cargado de emotividad, en el que recordó a su abuela, Sara Guadalupe Noriega Rivera, nacida en Cuba en el seno de una familia de emigrantes y que tuvo que regresar a Colombres tras quedar huérfana de madre, a los ocho años. Y concluyó que «todos los relatos de emigrantes son iguales, con la única diferencia del final».
En la plaza elíptica de Colombres había instalados 29 puestos y dos bares. Para Reimóndez la segunda edición de la feria ya supone su consolidación porque en la primera «la organización era contratada», mientras que en la actual «se han involucrado los vecinos y las asociaciones de Ribadedeva». Así pues, se manifestó «optimista de cara al futuro». Y es que los lugareños ofrecen «puestos más trabajados» y la emigración, el estilo indiano y la arquitectura «es algo propio, enraizado en la cultura de Ribadedeva y valores que deben surgir de los propios vecinos», concluyó el regidor.
Guayaberas blancas
Las autoridades y los vecinos, casi todos ataviados con guayaberas, pantalones y zapatos blancos, al más puro estilo indiano, giraron una detallada visita a todos los puestos. Allí había artesanos de los sectores de perfumería, cuero, joyería, vidrio, tapicería, azabache, piedras, madera y panadería. Y se dejaba notar la presencia de las asociaciones y las comisiones de fiestas del municipio, con una amplia oferta de platos típicos mexicanos.
Los representantes de Pimiango eran de los más originales al poner a la venta unas pastas con el nombre de 'Elefantes enamorados', en alusión a la figura del mamut de la cueva del Pindal. Aunque también ofertaban rosquillas de la Abuela, verdinas, prunos endrinos, mermeladas y moscatel.
En un puesto conjunto se encontraba la Residencia de Ancianos de Colombres y la comisión de las Angustias, de Villanueva, que, bajo la batuta de Conchi Gómez, cocinaban «tacos de carne con arroz rojo, pechuga de pollo con mole, y gelatina de cajeta». Y para destinar los beneficios a Cáritas, José Luis García preparaba «ceviche, tamales, chicharrón, chiles rellenos, empanadillas de maíz y frijoles».
A primeras horas de la tarde arrancó el 'Tren de Chalco', cuyos vagones trasladaban a los nativos y turistas en visitas a los edificios más emblemáticos de la arquitectura indiana. Y de esa cultura indiana de Colombres disertó en el Archivo de Indianos Mari Cruz Morales Saro, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo.
A las nueve de la noche se celebró en la iglesia parroquial un recital de habaneras, con la participación de las corales 'Aires del Cuera', de Ribadedeva; 'Torre Obeso', de Puentenansa, y 'Maestro Lozano', de La Felguera.