En 2006, abrieron en la ciudad 553 locales comerciales y negocios; el año pasado, sólo 287. La crisis lo explica todo. También el descenso de la actividad empresarial, pero no todo el descenso. En 1997, se abrieron 1.115 negocios, cuatro veces más que en 2008 y el doble, por ejemplo, que en 2005 cuando a los ovetenses (y al resto del mundo) la crisis financiera les sonaba a chino.
En la situación actual, conseguir financiación es difícil. La caída del consumo lastra los resultados de tiendas y bares. Los locales se vacían y los carteles de 'se alquila' se multiplican. Pero los datos de los servicios municipales apuntan a un declive, con altibajos, de la apertura de nuevos negocios en la ciudad, por lo menos, desde hace una década. La coyuntura actual no lo explica todo.
La clave, tal vez, esté en el dato de 1997. La peatonalización de las calles del centro permitió al alcalde hablar de un «centro comercial abierto». 1.115 negocios se apuntaron a la tesis ese mismo año y el centro urbano se pobló de tiendas y bares. Diez años después, en 2007, sólo 323 nuevos negocios levantaron la persiana en la ciudad. ¿Qué ha pasado?
El presidente de la Federación Asturiana de Comercio, Severino Álvarez Zaragoza, tiene varias explicaciones. En mayor o menor medida todas han pesado en el declive del sector. «Gran parte de los bajos comerciales del centro de Oviedo son propiedad de un grupo minoritario de personas con gran capacidad económica», sostiene.
La revalorización de las calles del centro, como consecuencia de los planes urbanísticos que ensancharon aceras, iluminaron y colocaron jardineras frente a las tiendas, disparó el precio de los alquileres. Convirtió tener locales en un negocio, sostiene el líder comercial. Con la crisis actual «no les importa tener cerrado el local si no les ofrecen el alquiler que tenían previsto cobrar».
Durante más de media década, la peatonalización de nuevas calles ensanchó la zona comercial y hostelera de Manuel Pedregal, Pérez de la Sala o El Cristo. El crecimiento de la oferta de locales moderó la subida constante de sus precios hasta 2004, cuando, según calculó la FAC entonces, se alcanzaron máximos. Un bajo de entre 150 y 180 metros cuadrados rondaba los 9.000 euros mensuales en el boyante centro comercial abierto. 2004, con todo, no fue un mal año, pero sí el último con signos positivos para el comercio local. Se abrieron casi 900 negocios nuevos, en un clima de 'boom' económico, que los años y la actual crisis han demostrado como especulativo.
Álvarez Zaragoza echa, en parte, la culpa a las franquicias. Su desembarco, afirma, contribuyó a la escalada de precios porque «buscan locales en un sitio concreto y esto es aprovechado por los dueños de los bajos comerciales para subir el precio».
Con todo, el líder comercial empieza a ver «signos de sensatez». Los propietarios, argumenta, se están dando cuenta de que «esto va para largo y que si no bajan los precios de los alquileres no tendrán ingresos». Le consta, además, que algunos negocios siguen abiertos por acuerdos entre arrendatario y arrendador para «cobrar una parte simbólica del alquiler o directamente nada». Como solución propone un pacto para los alquileres de los locales comerciales entre propietarios e inquilinos. Su idea es cobrar «una renta muy baja los cinco, seis o siete primeros años, que luego se revisa sobre un precio pactado».
¿Y el urbanismo?
El Ayuntamiento apostó por la urbanización en manzana abierta en la expansión de la ciudad. Muchos de los nuevos barrios, La Corredoria, Vetusta, Montecerrao o La Florida, tienen pocos locales comerciales y la mayor parte de los usos terciarios se concentra en unas pocas parcelas exentas, pensadas para medianas superficies. ¿Tiene esto que ver con la crisis del comercio? Severino Álvarez Zaragoza cree que sí. La reducción de la oferta mantiene los precios artificialmente altos.
Las constructoras prefieren un gran bajo comercial que se puede negociar con una cadena de supermercados que una veintena de pequeños locales a la espera de que un emprendedor consiga un crédito para poner una tienda o un bar. «Para ellos es más sencillo», advierte.