Asegura que ha llevado una vida «desordenada», pero más bien parece que ha sabido rentabilizar el tiempo al máximo. Ha estudiado tres carreras, ha aprobado oposiciones, ha dedicado más de cuatro décadas a la Universidad, tres a la política y ahora dirige la Asociación de Amigos de la Catedral. El doctor José María Casielles no tiene parada. Viene dando guerra, en el buen sentido de la palabra, desde la cuna.
-Usted salvó su vida de milagro cuando era un bebé de pocos meses.
-Sí. Nací en el 36 y me sacó un cañonazo de la cuna, quedé bajo un montón de escombros, protegido por el colchón. Está demostrado que tenía que estar aquí, dando la murga. Tenía siete meses y sólo me hice una herida en el cuello, aún tengo la marca.
-También ha tenido 'marca' política.
-Ingresé en el Partido Popular en 1977, cuando se fundó. Fui diputado y senador, pero ahora estoy de baja en el PP.
-¿Por qué?
-Hubo una cosa que me calentó muchísimo, que fue aquella aclaración desafortunadísima de Rajoy el 12 de octubre, cuando dijo que aquello era «un coñazo»... Fueron unas palabras impresentables. Y me enfadé muchísimo, era hora y cuarto de un desfile de las fuerzas armadas, en el que participaban más de un 15% de mujeres, dicho sea de paso, que estaban allí desde las seis y media de la mañana preparadas. Después del desfile, había un acto de homenaje a la bandera y una ceremonia de recuerdo a los muertos en campaña, que los había habido. Y las palabras de Rajoy me parecieron impresentables.
-¿Y se lo hizo saber?
-Le mandé una carta respetuosa, pero fulminante, en la que le comunicaba mi baja del partido. Y se acabó, le mandé la dimisión, porque cuando uno quiere dimitir, dimite. Y mandé una copia a la local de Oviedo. Y aquí paz y después gloria.
-¿Fue duro?
-Hombre, fueron 31 años en el PP, no fue una decisión cómoda. De todos modos, para mí, llovía sobre mojado después de lo de María San Gil, que me pareció muy grave también.
-Se siente liberado.
-Me siendo muy tranquilo y con mucha libertad. Ahora que soy viejo, me doy cuenta que todo se ha ido degradando mucho. Tú puedes hacer política sirviendo al partido y puedes hacer política sirviendo al ciudadano, y es otra cosa completamente distinta. En política tienes unas ataduras que no te permiten decir lo que realmente piensas.
-Por lo general, los políticos sirven a los partidos.
-Si quieres seguir en política, no te queda más remedio que seguir al partido, y esto, a estas alturas de la película, a mí no me va. Dentro de cuatro días vamos a estar allá arriba y nos dirá 'oye, y tú que hiciste en este mundo'. Hay que ser un poco serio.
-Con la política a un lado, acaba de ser nombrado presidente de la Asociación de Amigos de la Catedral.
-Eso es una cosa muy bonita e inesperada, y es producto de una conspiración, entre comillas, de unos amigos entrañables. Lo que les dije es que lo primero que voy a hacer es enterarme de lo que se ha hecho aquí durante tantos años. Esta asociación ya la presidieron Ramón Cavanilles, Crisanto Pérez-Abad, Luis Canteli, Juan Uría Maqua y ahora yo.
-¿Pero cuáles son sus objetivos?
-Continuar con lo hecho. Mi amigo César Álvarez dice que lo que no se divulga no existe, pues bien, yo quisiera darle a la asociación más proyección pública.
-¿Y cómo lo hará?
-Quería conseguir unos distintivos para los actos oficiales, nombrar algún socio honario y hacer distinciones de tipo individual, y luego captar nuevos socios, que sólo tienen que pagar 20 euros al año.
-¿Cuántos son ahora?
-Unos 70. Ha habido gente muy mayor, que se ha ido muriendo, es el problema que tenemos los viejos. Vamos a ver si captamos gente y además joven. Yo siempre he estado muy cercano a los jóvenes, como profesor tuve 21.000 alumnos durante 47 años, y quisiera contar con ellos.
-¿Y cómo llegará a ellos?
-A través de esta entrevista o volviendo a dar cursos en la Universidad. Aparte de a los jóvenes, doy cursos en la Universidad de Mayores, que es una delicia. Te encuentras a gente que está muy interesada, bien es cierto que aquello no es nada agresivo, sin exámenes prácticamente y con coloquios permanentes en clase. Ésta es la diferencia con los chicos, a quienes yo siempre he animado a hablar, a preguntar. Les decía: no hay ninguna pregunta inconveniente, los problemas están en contestar esas preguntas los profesores.
-¿Por qué la juventud es tan reacia a debatir en clase?
-Yo creo que les da vergüenza. A pesar de que la gente joven va ahora de despechada por la vida, en el fondo tienen miedo a equivocarse en la pregunta o a que el profesor les deje en ridículo, cosa que desgraciadamente ocurre a veces también. Hay que dar mucha seguridad. Las preguntas siempre son pertinentes.
-Usted quiere tener savia nueva en la asociación, pero ¿qué metas tiene?
-La idea clave es interesar a todo el mundo por el camino del norte del Camino de Santiago, que era la ruta primitiva. Me gustaría impulsarlo porque le vendría muy bien al área del Cantábrico el camino por las catedrales del norte: San Sebastián, Bilbao, Santander, Oviedo, Mondoñedo, Lugo, El Ferrol y Santiago. Una ruta compatible con la otra. Me gustaría resucitar esto, porque el Camino de Santiago mueve muchas cosas: devociones, hostelería, comercio.
-¿Trabajarán, entonces, codo con codo con la Asociación Astur-Leonesa de Amigos del Camino de Santiago?
-Sí, lo importante es sumar esfuerzos en el mismo sentido. Todos juntos.
-¿Qué le parece el estado de conservación de la Catedral de San Salvador?
-El Principado ha invertido 2,4 millones de euros en la Catedral. No se ha hecho todo lo proyectado, pero es importante, es mucha pasta. Yo quiero hablar con estos señores y con el presidente (fui inspector de enseñanza media cuando Areces estaba de delegado de Educación y siempre tuvimos una relación cordial, al margen de creencias políticas). El dinero invertido por el Principado hay que reconocerlo públicamente, al igual que la ayuda del Estado central.
-Pero el Ministerio de Cultura apartó a San Salvador del Plan de Catedrales.
-Yo en estas cosas me sirvo del consejo que me dio el portero de mi casa en Santander, cuando estaba de catedrático: «Ya sabe usted que cura más el aceite que el vinagre». Si ha habido alguna diferencia con el Gobierno asturiano, el aceite va a curar más que el vinagre.
-El deán ha dicho en alguna ocasión que está cansado de pedir.
-Quiero hablar con el deán y con las autoridades políticas, pero primero hay que reconocer que el dinero invertido en la Catedral es muy generoso.
-Usted ha escrito 'Ladrones en la Catedral'.
-Fue un pecado de juventud (ríe). Quiero ponerlo a disposición de la Catedral para que sirva para sacar unos fondos, aunque sea una cosa mínima.