La recesión se lleva todo por delante, hasta los mejores manteles de la ciudad, caso de Los Tres Caracoles, que ha cerrado y dejado boquiabiertos a muchos comensales. Ya no hay restaurante a las puertas de Gascona, la calle de las sidrerías, la calle flanqueada arriba por la Casa del Pueblo y abajo por el futuro Palacio de Justicia, ése que precisamente desde la casa roja ha impulsado Paloma Sainz.
«Si viviese en Víctor Chávarri, Martínez Vigil o Indalecio Prieto no estaría muy tranquilo», dijo en el plenario del lunes Mortera, con ganas de incordiar, de picotear, inquieto como uno de esos pichones que Álex Sampedro acompañaba con tagliolini y torta del Casar. A Mortera le azora el tocho inmueble dibujado por Justicia para una parcela donde el concejal de Urbanismo promovió tres gansas torres de 130 metros con las nubes debajo. La arquitectura es un arte, no conmueve igual a todos, unos ven arbejos donde otros paladean una legumbre excepcional.
En Los Caracoles servían una pizza de foie que parecía no llevar nada, pero que sabía como nada. De apariencia huérfana, una lámina flaca entomatada, al embocarla te alegraba la cara hasta estirarla en infantil sonrisa de pato. Lo de siempre: la fachada y el envés, lo que en prejuicio crees y lo que luego, si rebuscas, realmente ves. Sucedía en las casas de Los Reyes: al asomo, se veían vacías de otra vida que no fuera rastrojo; pero su demolición ha desahuciado esta semana a quienes allí se cobijaban aprovechando lo oscuro.
Los 'okupas' y «delincuentes» que temían en la Florida se van quedando sin arrabales adonde emigrar.
A La Manjoya han regresado también palas y grúas, contratadas por una caja de ahorros gallega después de quebrar una constructora vasca. El norte empresarial se arremolina en Llamaoscura, en el bosque recalificado para acoplar 3.000 pisos entre los árboles; un bosque cantábrico con un complejo residencial de ambición mediterránea: «He cruzado océanos de tiempo», que decía Drácula. O, más gastronómico aún, un plato de mero mediterráneo asado con salsa de oricios cantábricos y un tiento de hierbabuena. O un marymonte con papada, cigalas y caldo de cocido. Recetas con fondo, de largo relamido.
A lo más hondo del puchero, al final de la red, al estrecho donde se juntaron todos los cauces y corrientes asturianas quiere llegar Izquierda Unida con su anunciado recurso contra el inmueble de El Vasco, que mira que da qué hablar el edificio de marras sin tener siquiera proyecto aprobado.
El negocio entre el Principado y Pepe Cosmen/Alberto Lago «no resiste el menor análisis jurídico», según piensa Alejandro Suárez, autoapodado 'Suarman' en los últimos comicios municipales y hoy director general de Mayores por mor del pacto gubernamental. Pagar 190 millones de euros de dinero público requería un concurso igualmente público, arguye la coalición, que ahondará en las tripas del proyecto, o sea en los arreglos palaciegos para el Palacio que presupone Suárezman.
No los hay. Es todo «legal y legítimo», defendió Migoya el miércoles con redundancia.
Así van a estar años, ya verán.
Mientras tanto, la Justicia trabaja, y el jueves condenó a una madre por calzarle un puñetazo a su hijo de 11 años que lo dejó sangrando por la calle.
El mundo es muy extraño.
En el Pleno del lunes acabaron a leches a cuenta del golpe en Tegucigalpa. Rivi pidió apoyo institucional para Honduras y Felechosa preguntó que dónde estaba la izquierda cuando el pucherazo en Irán. El del PP censuró también las «pulsiones autoritarias» de Hugo Chávez y el de ASCIZ replicó que «el que pasó ocho horas con Fidel Castro fue Gabino de Lorenzo».
Aquello parecía Euronews.
Algunas pizzas parecen huecas y ciertamente lo están. Pero cómo estaba la pizza de foie.