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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Televisión

EL INVENTO DEL MALIGNO

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Pánico
Ha llegado el televerano. Lo más tópico: el plan que nos ha presentado Antena 3 con 'Arena mix' y 'Pánico en el plató'. Dentro de este 'mix' veraniego con el que Antena 3 ha vestido su noche del jueves, y que no le ha dado mal resultado de audiencia, la pieza más elaborada es probablemente 'Pánico en el plató'. Lo presenta Juan y Medio, un señor (y medio) del que quizá nadie recuerde que empezó como agente de los Hombres G y que, aquí, sufre ocasionales descargas por el exceso de electricidad estática que al parecer aqueja al plató.
El modelo es bastante clásico: se invita a un famoso, se le somete a cierto número de preguntas de carácter íntimo, pero todas ellas en el registro de lo decente, y por el camino van apareciendo amigos del protagonista que formulan juicios sobre él y personas que han compartido algún momento de su vida. El invitado no sabe ni cuáles son esos amigos, ni esas otras personas ni qué es lo que van a decir, y en eso consiste el pánico: en que el protagonista ignora por completo lo que se le viene encima.
Por supuesto, el término 'pánico' es exagerado: para quien no lo sepa, recordemos que 'pánico' viene del griego 'panikós' y que su origen es el miedo que el dios Pan metía a la gente, porque esta simpática deidad agraria tenía la costumbre de aparecerse a los griegos cuando pasaban por una encrucijada o cuando apacentaban sus rebaños en la bucólica Arcadia. ¿Pánico en ese plató? No, evidentemente. Pero se trata de generar en el espectador la impresión de que el invitado atraviesa por un estado de inquietud semejante a aquél, y ahí es fundamental el comportamiento del protagonista, que ha de entrar en el juego. Hay que decir que la primera invitada, Concha Velasco no sólo entró, sino que llevó el papel hasta el extremo de llenar por completo el escenario, anular al presentador, al público, a los invitados y al propio dios Pan. Nada más lógico: ponga a usted a una buena actriz en el centro de un escenario, y olvídese de todo lo demás. La exhibición de Concha fue, en general, bastante grata, lo mismo cuando respondía a las 'acusaciones' de Paco Valladares sobre la excesiva tendencia de la diva a trabar conversación con cualquier admirador, que cuando recibió la visita de Habbiba, una asistenta marroquí que estaba enamorada de Manolo Escobar y que, como era imprescindible, trajo algunas lágrimas al rostro de la jefa.
En fin: bien. Veremos el siguiente programa.

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