S IEMPRE que tocabas al timbre de su casa de la calle de Culiacan, en ciudad de México, te recibían con cariño. Y si llegabas a la hora de la comida, como a veces era mi caso, pues tenía las oficinas del partido en dicha calle, siempre había un hueco en la mesa. Diez, quince y hasta veinte personas cada día -a la cual más dispar- se reunían alrededor de Paco Ignacio Taibo I y sus hijos Paco Ignacio II, Benito y Carlos, y bajo la inolvidable presencia y cariño de Mary Taibo. Aquella casa se fue convirtiendo en el lugar natural de reunión de intelectuales, periodistas, directores de cine, artistas o simplemente amigos, que crearon una atmósfera de cariño y conversaciones cálidas sobre los más diversos temas.
Yo conocí a la familia Taibo en los años 50, en nuestra casa de Vértiz, cuando sus integrantes llegaron a México en el marco de la difícil situación española, pero con una ideología muy definida. Recuerdo al tío de Paco, mayor, ligado al diario 'Avance', y poco a poco el proceso de integración con México, con el exilio, y después, a través de los hijos, con los trabajadores y el pueblo mexicano en su lucha. Allí, en aquellas reuniones en Vértiz o en Culiacan, se conocieron Jorge Belarmino y Paco Ignacio Taibo II.
Los contemplaba estos días, 40 años después, al llegar el tren de la Semana Negra. Eran el ejemplo de la amistad de los Taibo y los Fernández Tomás. La vida de esa familia ha sido un ejemplo claro del hermanamiento de Asturias con México. Allí conocí a personajes como Luis Buñuel, Víctor Manuel y Ana Belén, Lombardía y su esposa, Pili y Mili, Chabuca Grande y tantos más que se fueron vertebrando alrededor de esa familia. Paco, el patriarca, con sus mostachos y su gran cultura, siempre presidiendo las comidas o las reuniones, pero sin renunciar a su siesta breve antes de ir al cine. Y Mary, siempre cariñosa y presente junto a ti hasta el último minuto en que estabas en su casa. Así fueron creciendo los hijos: Paco, Benito y Carlos, como personas honestas, trabajadoras y talentosas. Y así se enterró al tío, como nosotros enterramos a nuestra madre en 1968.
Cuahtemoc Cárdenas, el PRD y la vida del pueblo mexicano fue absorbiendo a aquella familia gijonesa que había llegado del exilio. Todos crecimos y cada quien hizo lo mejor posible -y a su manera- por colaborar con la lucha del pueblo mexicano. Unos fueron escritores, otros periodistas, otros tan sólo modestos luchadores sociales. Con esa facilidad para el uso del lenguaje y un ingenio poco usual, de pronto ya había dos 'taibos'. Así lo decidieron un día y así surgieron. PIT II se casó con Paloma y su talento no sólo lo encontré en el gran trabajo que hizo sobre Pancho Villa, sino que lo disfruté hace unos días en EL COMERCIO bajo el título 'La increíble historia de los Taibo'. Ese sentido del humor era un referente de esa familia. Perdí el contacto con ellos al irme 30 años a vivir a la Península de Yucatán, y me enteré estando ya aquí de la muerte de PIT I, el hombre, el asturiano que un día fue para México, no para conquistar, sino para sembrar y dar. Me impresionó la noticia de ver a los hijos de Paco repartiendo entre el pueblo mexicano, en la estación Insurgentes del Metro, 5.000 libros de su biblioteca. ¡Qué mejor siembra de un asturiano de bien que entregar lo más valioso que se tiene, como su biblioteca personal, al pueblo del país que los recogió y en el cual están integrados!
Al llegar a Asturias y ver lo que es la existencia de la Semana Negra y haberla mantenido durante 20 años, aprecié de Paco hijo el esfuerzo que eso ha significado. Aquí he visto con emoción y cariño cómo se ha rescatado la historia de Belarmino Tomás y de los mineros de su época. Hoy, en este barrio obrero donde vivo, La Calzada, en la playa de mi paseo diario, la de El Arbeyal, rememoro la frase pronunciada por varios amigos: «Ojalá nos dejaran la Semana Negra aquí para siempre». La simbiosis de esa playa con la mar y con el esfuerzo que significa ese evento, me hacen acordarme inevitablemente de la familia Taibo, con el cariño de los Fernández Tomás.
(A Mary, con el recuerdo de Paco).