E L pasado fin de semana se celebró en Gijón la V Feria de Asociaciones en la playa de Poniente. Teóricamente, son unas jornadas de encuentro y convivencia entre las distintas organizaciones juveniles que trabajan por la participación y el asociacionismo en esta ciudad. Es decir, unas jornadas que deberían desarrollarse en un ambiente de pluralidad, tolerancia y diversidad que atraiga a los jóvenes gijoneses. Sin embargo, y aunque muchos voluntarios participan en esta feria con estas motivaciones, sus organizadores y máximos responsables tienen otros objetivos: la transmisión de principios políticos trasnochados y radicalmente antagónicos a los que han de imperar en nuestra sociedad. ¿En qué cabeza cabe que una feria de asociaciones juveniles rinda homenaje a la revolución castrista de finales de los cincuenta y al régimen que ella originó? ¿Es ese modelo fuente de inspiración para los jóvenes del siglo XXI?
Todos aquellos que somos demócratas y que afortundamente no hemos tenido que padecer otros tipos de regímenes políticos, sentimos repugnancia por las dictaduras, ya sean comunistas, fascitas o nacionalistas que vulneran las libertades individuales y los más elementales derechos humanos. Cuba es un triste ejemplo de ello. ¿Qué opinarán de este homenaje los cubanos que han tenido que abandonar su país para poder vivir en libertad? ¿Qué pensarán todos los que luchan por los derechos de los homosexuales sabiendo que en Cuba se les encarcela? ¿Qué sentirán los familiares de los presos políticos que sufren prisión sólo por sus ideas?
En inaceptable que el Consejo de la Juventud, que debería defender los intereses de todos los jóvenes gijoneses, se dedique a estas labores de proselitimos ideológico, de carácter sectario. Es frustrante, además, ver cómo una organización con tantos medios tiene como principal objetivo adular a los que gobiernan en esta ciudad. ¿Será que alguno de sus dirigentes es más conocido por buscar ser una futura promesa del socialismo gijonés que por sus logros en el ámbito juvenil?
Lo lógico sería que estos encuentros trataran sobre los problemas que afectan a los jóvenes: el paro, la emigración a otras regiones de los recién titulados... Pero dónde hay patrón, no manda marinero. Tampoco es admisible que la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Gijón aplauda estos homenajes a regímenes dictatoriales y los subvencione sin importarle la gran cantidad de jóvenes que nos sentimos ofendidos.
Algunos que presumen de modernidad y tolerancia deberían ser más coherentes con aquello que dicen defender. ¿O quizá sean esos sus verdaderos modelos políticos?