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AVILÉS - GIJÓN - OVIEDO | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

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OPINIÓN ARTICULOS

ESCRITOR DE CULTO Nació en 1876 en un pueblo de Ohio. Dejó la escuela a los 14 años para trabajar de peón. Estuvo en la guerra de Cuba luchando contra los españoles. Fue redactor de un periódico de Chicago y terminó dedicándose a la industria de la pintura. Murió en 1941 a consecuencia de tragarse un palillo.

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Sherwood Anderson
A UNQUE no se escribiera ninguna otra obra literaria, sin duda las ya escritas hasta ahora servirían para complacer a los humanos por siempre en su afán de acercarse a la literatura para examinar todo aquello que el hombre ha sido o puede llegar a ser, para reconocer la existencia humana en todas sus dimensiones y para explorar el mundo de los deseos y de los sueños. Ciertamente, el tiempo de la lectura es infinito y, como bien decía Borges, las grandes obras del pasado son parte del futuro. Los estantes de millones de bibliotecas están llenos de libros que aguardan a las nuevas generaciones de lectores, unos lectores que experimentarán una vez más el hallazgo, en esas historias leídas, de la universalidad de lo relativo y de lo posible.
Estos días he descubierto a un autor, del que apenas hasta hoy sabía nada (sólo alguna ligera y lejana referencia), y lo hice a través de uno de esos libros que aguardan en los estantes que contienen el pasado que está por venir. Hablo de Sherwood Anderson y de su Winesburg, Ohio. Este escritor norteamericano, nacido en 1876 en un pueblo de Ohio, dejó la escuela a los 14 años para trabajar de peón, estuvo en la guerra de Cuba luchando contra los españoles, fue redactor de un periódico en Chicago y terminó dedicándose a la industria de la pintura. Murió en 1941 con el estómago perforado por haberse tragado un palillo. Este americano, sin formación literaria alguna, fue, y es, reconocido como el hacedor de una forma novedosa de contar historias, como el precursor de una generación de escritores, que algunos llamaron perdida (Steinbeck, Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, Ford...), y que practicaron el culto a las palabras verdaderas. Richar Ford reconoce que escribió su primer cuento después de leer a Anderson y Faulkner confiesa que decide hacerse escritor después de conocer al escritor de Ohio. No obstante, el triunfo literario no le llega en vida a Sherwood Anderson y cuando se produce su muerte, el periódico de su pueblo lo despide como a «un antiguo industrial de Elyria».
Winesburg, Ohio no es un libro de relatos (tal como lo venimos entendiendo), sino una probada e innovadora novela que, presentando como protagonista principal al pequeño pueblo rural de Ohio y como hilo conductor a un joven redactor del periódico local, se conforma como el retrato coral o colectivo de una forma de vida insuficiente condenada a la extinción.
En Winesburg habitan seres que alzan sus manos como pendones que ondean al viento cargados de promesas o que las cierran en puños que parecen bolas de madera sin pintar, seres que viven en comuniones formales y desprovistas de significado alguno, jóvenes que sueñan con irse a observar a otras gentes y pensar en otras verdades, misántropos doctores que recetan el odio y el desprecio como remedio contra la insignificancia, hombres dominados por ardores groseros y poéticos, soñadores sin apenas sueños que sufren y hacen sufrir por la misma razón que al caminar echan un pie delante del otro y que nunca logran lo que quieren porque apenas saben algo de lo que quieren, granjeros tristes con la cabeza llena a rebosar de opiniones ajenas, mujeres silenciosas y esquivas que un día se exaltan y dicen lo que no quieren decir, solitarios que miran a las cosas y a las personas como si no vieran nada y a quienes se les han marchitado los propósitos, marginados de su propia irrealidad que caminan cansados por el peso de demasiados sentimientos que echan a perder sus vidas, maestras atrayentes e inflexibles librando en su interior batallas encarnecidas, siervos de la imaginación en cuyas habitaciones se materializan los sueños, contables de mezquindades y propósitos espurios, raros que muerden sus derrotas ansiando llegar algún día a ser como los demás y vidas monótonas que pierden todo el tiempo que tienen para perder y lo hacen lo mismo a la sombra del muro de las excelencias que a la luz del sol de la vulgaridad.
Winesburg, Ohio es una novela rotunda, innovadora, sincera e imprescindible. La Editorial Acantilado, que es quien ahora nos ofrece esta excelencia literaria, nos anuncia que publicará próximamente el resto de la obra de Sherwwod Anderson, un maestro en la expresión de lo grotesco. Para él, al principio, cuando el mundo era joven, había únicamente ideas; luego el hombre hizo las verdades mezclando pensamientos y las verdades se extendieron y todas eran hermosas, y la gente se fue apropiando de ellas, algunos se apropiaron sólo de una verdad y otros, más fuertes, se apropiaron de una docena de ellas; y esto volvió grotesca a la gente porque, siempre que alguien se apropiaba de una verdad y la gente la llamaba su verdad y trataba de regir su vida por ella, se convertía en un ser grotesco.

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