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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Asturias

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El Ministerio de Medio Ambiente delimita las zonas de paso que usan las aves migratoriasCabo Busto y Ribadesella figuran entre las 42 áreas que serán protegidas

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No hay nada más fácil para proteger un tesoro que encerrarlo. Guardarlo en casa como a un niño, u ocultarlo cual secreto. El principio se ha aplicado con animales a los que se ha cercado, alimentado y reproducido, pero deja un hueco de la fauna al descubierto. ¿Qué se puede hacer con las aves? Peor aún. ¿Qué se puede hacer con los pájaros que hacen de la mar su hogar habitual?
«Estábamos empezando a dar pequeños pasos, tratando de extender al medio marino los principios de la Red Natura, pero corríamos el riesgo de cometer errores que luego otros nos reprocharían, poniéndonoslo difícil para el futuro». Así explicaba el problema la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, esta misma semana. Hablaba en pasado gracias a la herramienta que lucía en sus brazos: un mapa completo de las 'Áreas Importantes para la Conservación de las Aves Marinas'. El documento marca 42 zonas que cubren 40.000 kilómetros cuadrados, casi el 5% de las aguas marinas españolas. La cuota asturiana está presente por 403 kilómetros en Cabo Busto y otros 69 en Ribadesella.
Sobre ellos, el ministerio pretende edificar un nuevo plan con restricciones a la especie humana y favores a los emplumados. Sólo así se podrá restablecer un equilibrio que se perdía y que la Administración no sabía por dónde atajar.
Para dar con las áreas, han hecho falta cinco años de espionaje marino. La misión le fue encomendada a la Sociedad Española de Ornitología (SEO) y la ONG BirdLife. Sus expertos llevan desde 2004 actuando en todas las comunidades autónomas bajo un mismo esquema: atrapar aves, colocarles en las patas dispositivos para almacenar y transmitir datos y llevar luego un escrupuloso seguimiento vía satélite.
El trabajo aporta luz a un campo marcado de sombras y fantasía: los itinerarios que escogen las aves migratorias.
Desde 2004 apenas dos investigaciones han podido trazar las líneas maestras de «las autopistas de viento», como las definió hace un tiempo Jesús Muñoz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esas corrientes de aire existen y están en el fondo del asunto, como quedó al descubierto al observar la forma en que la 'pardela cenicienta', emigrante alada de 800 gramos, viaja de América del Norte al sur de África: lo hace vía Brasil, prolongando en unos 3.000 kilómetros el vuelo, a cambio de hacerlo sobre vientos más propicios.
A escala nacional, lo que han hecho ahora SEO y Birdlife es ver esas autopistas y marcar dónde están sus 'apeaderos'. «El medio marino ha estado muy olvidado y ahora urge poner freno al deterioro de los mares y de sus especies», reivindica Asunción Ruiz, directora del trabajo.
Amenazadas
El objetivo lo fijaron en las especies reproductoras que la Unión Europea considera como amenazadas, un listado que incluye algunos grupos de cormoranes, gaviotas, pardelas, y paíños. «En las últimas décadas, el grado de amenaza de estas aves marinas ha aumentado más rápidamente que el de ningún otro grupo», señala el trabajo de SEO y Birdlife.
Así está: a picotazos defiende el cormorán moñudo su nido de algas y polluelos. Cuentan los biólogos que lo suyo es alimentarse de peces poco recomendables para la boca humana, pero aún así los pescadores no las tienen todas consigo y suelen recibirles mal. La intención de Espinosa es la de reforzar sus defensas: «Queremos que las generaciones futuras puedan ver unas imágenes de estas aves quizás mejores de las que ahora tenemos».

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