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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Oriente

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'Golosinas Loli' cierra hoy sus puertas tras casi 35 años en el parque de La Atalaya de Ribadesella. Ahora busca un nuevo local

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Tercera oportunidad
Lolina, en la puerta de su establecimiento, se despide de sus clientes. /NEL ACEBAL
Hoy cerrará sus puertas uno de los históricos establecimientos de Ribadesella. 'Golosinas Loli' dice adiós a más de tres décadas de dulces ventas en el parque de La Atalaya, también llamado Plaza del Mercau. La propiedad del inmueble que ocupa ha decidido demoler el edificio para reconstruirlo y Lolina se ve obligada a dejar atrás casi treinta y cinco años de anécdotas infantiles tras el mostrador.
Por su comercio se han pasado varias generaciones de riosellanos y riosellanas que con el tiempo han transmitido a sus hijos la sana costumbre de visitar la tienda de Loli. Una tradición a la que este sábado se pone punto final. Sin embargo, su propietaria no quiere cortarse la coleta y busca una tercera oportunidad para seguir trabajando.
Todo comenzó cuando Loli Valdés abandonó la ciudad de Cangas de Onís y trasladó su residencia a Ribadesella. Aún no tenía hijos y necesitaba del contacto directo con el público. Deseaba continuar su vida detrás de un mostrador. Como le fue difícil conseguir un local para abrir su establecimiento, optó por montar un kiosco junto a las escuelas. Una barraca de golosinas que por el verano se trasladaba a la playa, frente al albergue juvenil. Aquella aventura trashumante duró seis años, los que tardó en conseguir el local que ahora tiene que dejar.
En el año 1981 inauguraba la tienda que la hizo famosa en Ribadesella, un local amplio que además le permitía atender bajo techo, resguardando de las inclemencias meteorológicas a su fiel clientela.
Cuatro años
Hoy le pone el cierre por imperativo legal, pero como aún le quedan cuatro años de vida laboral tiene ganas de continuar con su tarea educativa tras los botes de gominolas, chicles y caramelos. «Si encontrara un nuevo local, volvería. Me apetece seguir un poco más», dice.
Hasta ahora no lo ha conseguido. Unos porque son pequeños, otros porque son demasiado grandes y los que podrían cubrir sus expectativas o están cerrados u ocupados. Lolina busca una tercera oportunidad para continuar endulzando las vidas de propios y extraños, de los hijos de los riosellanos y de los miles de turistas que nos visitan cada año.

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