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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

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El argentino logró tres golazos en la segunda parte ante un Valencia que fue muy superior hasta el descanso

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Un Messi divino transforma al Barcelona
Messi celebra uno de sus tres goles de anoche en el Camp Nou. :: AFP
Cuesta encontrar adjetivos con los que acompañar la exhibición de Messi ante el Valencia. El argentino logró tres goles fantásticos, todos con una enorme calidad, tres obras de arte sólo al alcance de un genio del fútbol que para suerte de Guardiola viste de azulgrana. Sí, porque el '10' no sólo dio tres puntos al Barça, le cambió la cara en la segunda parte a un equipo que en la primera había sido un juguete en manos de un gran Valencia al que sólo le faltó el gol. La lesión de Albelda al límite del descanso y la entrada de un revitalizado Henry también ayudaron a la transformación. Messi asumió la responsabilidad y ya suma 22 goles en 26 partidos de Liga, a tres de los 25 que lleva Rooney en el Manchester United.
Pese a la importancia del encuentro, ni Guardiola, ayer en la grada por sanción, ni Emery pudieron alinear a sus jugadores habituales debidos a los contratiempos. Villa se quedó en la grada debido al esguince que sufrió el jueves en el hombro. Allí pudo saludar a Ibrahimovic. El técnico azulgrana suplió al sueco con Bojan, que mide 25 centímetros menos. Emery, por su parte, reservó también a Mata para la Liga Europa y apostó por el argentino 'Chori' Domínguez. El argentino, como Messi, tampoco es un un '9', por lo que fue un partido sin arietes específicos.
En defensa también se acumularon las ausencias. Puyol, con molestias en la espalda, fue la baja de último hora en el Barça, sumándose a los lesionados Keita y Abidal, mientras que el Valencia ya viajó sin cuatro defensas muchas veces titulares: los sancionados David Navarro y Marchena y los lesionados Alexis y Mathieu.
El partido comenzó a un ritmo trepidante. Pese al ímpetu inicial del Barça, pronto se vio que el Valencia se movía mejor en el descontrol. Emery consiguió desconectar la salida de balón azulgrana con un gran marcaje posicional a Xavi, Iniesta y Busquets. Nunca se vio al Barça perder tantos balones en zonas de peligro. Y cada esférico interceptado era una contra peligrosa conducida con Silva, bien acompañado por Jordi Alba, que cabeceó alto en el minuto 5 y se encontró con Valdés en el 31; Pablo, que remató con peligro en los minutos 20 y 22; y Domínguez, que obligó a Valdés a cortar un pase de la muerte en el 30.
Aviso del argentino
El Barça sufría y sólo se acercaba a César en jugadas aisladas, como en un rebote que dejó a Xavi sólo ante César, felino con sus reflejos. Messi, una vez más, decidió echarse el equipo a su espalda y obligó a César a tapar portería con dos incursiones en solitario, antes de dar un balón de oro a Pedro, que lanzó fuera. Fue un aviso de lo que iba a suceder en la segunda parte.
El Valencia acusó tras el descanso la lesión de Albelda al final de la primera parte. Sin el 'jefe' de la medular, el equipo 'ché' comenzó a tener problemas. Guardiola también acertó con el cambio al dar entrada a Henry por Bojan. El francés sorprendió con desmarques al espacio y siempre eligió el mejor pase. Jugadores como Xavi e Iniesta, muy apagados al principio, también asumieron más responsabilidad y transformaron al Barça, decidido ya a lograr los tres puntos. Y para eso apareció un Messi estelar para abrir el marcador con una jugada divina en el minuto 56 en la que se fue de Banega, Bruno y Dealbert, con quiebros con el cuerpo, antes de batir a César. Un golazo que rompió el partido, aunque no de forma definitiva.
En el último coletazo de grandeza del Valencia, Zigic se plantó solo ante Valdés, que volvió a ser fundamental para el Barça evitando el empate. Sólo un minuto después, en el 68, Maduro vio la segunda amarilla por una entrada a Messi y el conjunto levantino se entregó. Faltaba la puntilla y Messi la puso por dos veces más en los minutos 80 y 82 con dos acciones geniales, una con la zurda buscando el palo largo y otra picando el esférico con la derecha sobre la salida de César. El argentino, sustituido a dos minutos del final, se marchó ovacionado como lo que es: el número uno del mundo.

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