En la Grecia antigua, los antecesores de los médicos eran identificados como 'purificadores' (kathartai). Para el pueblo eran igual que los magos que conocían los conjuros amorosos y vendían los amuletos y talismanes contra las enfermedades. Las ceremonias de los ayunos, los sacrificios y las abluciones tenían un importante componente escénico, es decir, artístico. El concepto de catarsis se remonta a los orígenes del arte griego: una mezcla de danza y música, de canto y poesía que en las ceremonias de curación (purificación) servía para aplacar y aliviar los sentimientos. Música y Medicina tienen, pues, el mismo origen. Partiendo de esta premisa, el médico (y músico) polaco, Andrzej Szczeklik (Cracovia, 1938) escribió en 2002 un ensayo (traducido ahora por la Editorial Acantilado) titulado Catarsis. Sobre el poder curativo de la naturaleza y del arte.
Hay en Andrzej Szczeklik una visión espiritual de la vida, pues supone la existencia de una red que enlaza el cielo y la tierra y a todas las criaturas terrenales entre sí. Es la unión de todo con todo, que muchos filósofos y teólogos defendieron, el destino común, la urdimbre que otorga sentido a las vidas y que conforma la unidad perfecta, sensible a la manipulación más delicada de cualquiera de sus componentes. Con el ingenio, la precisión y la sensibilidad de quien se conforma como uno de los sabios humanistas de nuestro tiempo, el autor argumenta, define, explica, diagnostica, sueña y pronostica, y lo hace siendo fiel al principio de 'todo con todo' y no permitiéndonos olvidar en ningún instante durante la lectura que el mundo es un organismo vivo, que el acto de morir supone la plena realización del hombre, que la palabra tiene un poder curativo incuestionable y que la red que todo lo unifica sufre desgarros y que sus bordes deshilachados rozan en su trágico aletear el mundo de las tinieblas. Él sabe que cuando los años ya son una carga que te hunde las espaldas, cuando el tiempo se vuelve loco en su discurrir y descubres que andas colgado por los pelos de los deshilachados hilos de la red de la vida, que entonces, necesitas más respuestas que nunca, deseas confirmar que todo ha tenido sentido, buscas las razones que te llevaron a elegir una forma de vida determinada. Tal vez el secreto del arte sea el secreto de la vida. Es probable que cada uno de nosotros no seamos nada más (y nada menos) que una peculiar e irrepetible metáfora en el lenguaje universal de la naturaleza secreta de la existencia total. Andrzej Szczeklik es uno de los mejores especialistas del mundo en enfermedades cardiopulmonares. Tal vez él sea un gran médico por ser a la vez y consustancialmente un gran artista. «Medicina y arte son dos ramas del tronco común de la magia», declaraba hace tan sólo unos días a su paso por Barcelona.
En este ensayo hay ciencia y hay poesía, pero sobretodo hay un empeño generoso por mirar al ser humano por dentro, por acercar al lector al sentido primero (y último) del arte de la medicina. Este libro es una peregrinación fascinante por los difíciles territorios de las enfermedades del cuerpo y del alma, desde el sistema cuántico hasta la proteómica (que roza la futurología), desde la anamnesis hasta la catarsis, desde Prometeo a Proteo, desde los conjuros hasta las células madre, desde el ritmo del cosmos hasta el palpitar de las arterias, desde Hipócrates y Paracelso hasta Platón y Kant o desde los sueños mitológicos hasta el sueño del citoplasma que hará milagros. Un recorrido emocionante que se vuelve tan corto como imprescindible, una navegación asombrosa por el océano de los síntomas y bajo la constelación de las estrellas del firmamento. Las consultas de los médicos y sus batas blancas aún conservan algunas de las atmósferas de aquel oráculo de Delfos donde Femónoe (la Pitia), hija de Apolo, predecía el futuro y donde una piedra llamada ombligo, envuelta en una red de doble malla, indicaba el centro del universo. Apolo concedió a su hija el hexámetro y ella desveló los secretos de la vida en el lenguaje de la poesía. Asclepio, el dios de la medicina, nació del amor y del fuego, y desde entonces los hombres sueñan con alcanzar la divinidad o con esa planta milagrosa, pócima de la inmortalidad. Seguimos pretendiendo la eterna juventud, declaramos la guerra a las arrugas y a las venerables manchas de la piel. El especialista médico en cirugía plástica, tal que un alquimista, ofrece la quinta esencia que procura la felicidad. Obstinadas tentativas de transmutar materia y espíritu que obedecen a la convicción de que, tiempos atrás, la inmortalidad formó parte de la condición humana. O tal vez un pacto con el Príncipe de las Tinieblas, a la manera de Fausto.
Delicioso ensayo plagado de anécdotas, de curiosidades y de reflexiones que nos ayudan, sin duda, en el camino que cada uno hemos de recorrer para alcanzar nuestra propia catarsis.