Las recientes avenidas de agua por causa de las intensas lluvias y el desbordamiento de todos los ríos de la comarca, van a poner a prueba al sector hostelero en los momentos previos a la llegada del verano. En mayor o menor medida, casi todos los establecimientos sufrieron pérdidas, graves desperfectos, y algunos van a tardar semanas en recobrar la imagen anterior a los momentos de la riada. Sería interesante que no cundiera el desánimo y que los profesionales del sector pudieran recuperar gastos con la masiva llegada de turistas y visitantes.
Y ¿cómo están las previsiones de cara al 15 de julio, la fecha que tradicionalmente marca el inicio de los grandes movimientos de turistas y viajeros? Los hoteles tienen la agenda de reservas al 40%, los operadores de casas rurales y viviendas vacacionales pronostican una bajada del 7% y los campings aventuran que van a estar llenos. Es realmente imposible conocer datos de cientos de establecimientos de pernoctación, casas de aldea y pisos, de cuyas reservas se encargan exclusivamente los propietarios, sin recurrir a las agencias o a los grandes operadores.
¿Cómo se explica el descenso en la llegada de turistas? Los expertos sitúan la caída en la crisis económica que padece el país, y el resto de naciones de Europa, y en un cambio en la mentalidad de los visitantes que redujeron su periodo de estancia. Los que venían por un mes hace ya 20 años que se conforman con una quincena, y los que traían medio mes de vacaciones planifican ahora para una semana.
El llanisco Pedro Cembreros, gerente de Ruralia, una empresa que controla más de 400 casas de aldea, apartamentos y viviendas vacacionales en Asturias y Cantabria, tiene el mejor termómetro para predecir el futuro inminente. Considera que en los dos últimos años se está produciendo «una bajada del 7% anual en las reservas», y no hay datos que permitan augurar mejores expectativas para el 2010. Cembreros pone el dedo en la llaga y explica que el desfase en las cuentas se debe «a la crisis económica y a una reducción de fechas en el calendario destinado a las vacaciones» De ahí que pueda confirmar que «aunque nosotros tenemos cada día más clientes, el problema es que se reduce el número de pernoctaciones y resulta imposible encajar salidas con entradas». Por eso quedan huecos a lo largo del mes y al sumar y restar días, «baja la ocupación». No tiene inconveniente en reconocer que «antes era todo mucho más fácil, llenabas las cuatro quincenas de julio y agosto y liquidabas el verano».
De entre 400 casas para alquilar surgen precios muy dispares, siempre en atención al número de personas que las tomen en arriendo. Una casa de aldea de 18 plazas para una semana desde mediados de julio costaría «1.100 euros». Para seis personas valdría «800» y para cuatro, «600». Si fuera dentro de la primera quincena del mes de agosto habría que aplicar un «incremento del 10%», sostiene Cembreros.
Lo que ofrece Ruralia son «casas de alquiler íntegras en el medio rural». Y explica que se trata de «turismo colectivo económico, porque el gasto se divide entre el número de personas». En algún supuesto el coste se sitúa «en nueve euros por persona y noche». El cliente tipo de este negocio es «el de una o varias familias juntas, con hijos». La forma de pago se concreta en la entrega del 40% en el momento de la reserva y el resto cuando se le presenta la factura al inquilino, instante que «suele coincidir con el momento en el que se dispone a entrar en la casa».
Avalado por datos históricos Cembreros comenta que «antes», en las fechas de Semana Santa, ya se reservaba la casa para el verano. Hoy se espera «hasta última hora» y en algunos casos el cliente busca encontrar algo «a bajo coste». Y aunque no sea el caso de Ruralia, Cembreros sabe de hoteles que ofrecen al cliente hasta cuatro precios distintos en un mismo día, en función de que el índice de ocupación sea escaso. «La habitación vacía es como una merluza en la nevera. Si no se puede vender a la carta termina ofreciéndose en el menú del día». Y volviendo a esos números históricos, aventura que este año la ocupación para julio en la comarca será «del 70%», mientras que para el mes de agosto se situará «en el 95%». Sólo falta por saber el margen de beneficio con el que trabajan las agencias que compran para vender a un cliente final o a otras agencias, y no hay problema en averiguarlo: «el 20%».
La crisis económica le viene de perlas al sector del camping, una forma de pernoctación que está ganado adeptos a pasos agigantados. Su principal ventaja es la autonomía y la economía. El inconveniente es que algunos políticos pensaron que se trataba de un turismo anclado en el subdesarrollo, propio de macarras y de personas con los bolsillos pelados. De ahí que a los propietarios de algunos campings se les propusiera el cierre de las instalaciones a cambio de recalificaciones urbanísticas. Esos terrenos están hoy llenos de pisos vacios, colocados por sus dueños en el mercado de alquiler para poder cumplir con el pago de la hipoteca.
El camping Ribadesella, ubicado en Sebreño en una gran finca de 50.000 metros cuadrados, propiedad de Miguel López 'Chicho', da trabajo a 25 empleados, tiene capacidad para 800 personas y está lleno «desde el 15 de julio hasta primeros de septiembre». De hecho, en los días puntuales del verano tienen que descartar «unas 70 instalaciones diarias por falta espacio». La mayoría de sus clientes son «vacos y madrileños, que repiten todos los años». El veraneante tipo es una familia con dos hijos, acompañados de tienda y coche. Incluyendo la luz, la factura diaria «les sale por 37,35 euros, IVA incluido». Y si llegan con una caravana el precio es de «39,30». Los bungalós para dos personas y día cuestan «75,60», para cuatro plazas «entre 108 y 113» y para cinco «118,80». La estancia media de los clientes es de «siete días» y se benefician de «tres piscinas, gimnasio, ludoteca y pistas deportivas».
En idénticos términos se expresan en el camping Palacio de Garaña, en Pría. Allí, según Rocío Canseco, ese cliente tipo de matrimonio con dos hijos tendría que pagar, entre el 15 de junio y el 15 de septiembre, «42, 27 euros diarios», que corresponden a «seis euros por persona mayor, 5,70 por cada niño, 5,90 por la tienda, 6,20 el coche y 4 de luz». Y los bungalós de cinco plazas «a 90 euros para julio», con un ligero incremento del 10% en agosto. También ofrecen de forma gratuita piscina, terraza y espacios para la barbacoa. Aclara que los extranjeros «apenas llegan al 4%» y desde hace un par de años disponen de un hotel anexo, de 18 habitaciones, con precios de «65 euros, más IVA, la doble». La mayoría de los clientes son «vascos, madrileños y catalanes, que repiten todos los años y traen a sus amigos». Y como principales destinos para sus salidas viajan a «Lastres, Ribadesella, Llanes, Los Lagos y Picos de Europa». En el camping les «aconsejamos y facilitamos planos de cualquier lugar de la comarca».
¿Y los pisos? Pues este tipo de alojamientos para el verano ya está prácticamente fuera del circuito de las agencias inmobiliarias. Hoy son los propietarios quienes se encargan del alquiler. Salvo honrosas excepciones, como la del riosellano Alfonso Juesas, de Inmobiliaria Mundo Astur, quien explica que su cliente tipo busca un piso «de dos habitaciones, en la villa y para una semana». El precio sería de «650 euros y 1.200 para la quincena». Los alquileres para un mes «ya pasaron a la historia», aunque, después de 17 años de actividad, todavía conserva clientes que quieren un chalet de «tres o cuatro habitaciones, dos baños y pequeño jardín, que saldría por 3.000 euros al mes».