Con la transexualidad como protagonista de la jornada, el día del Orgullo Gay en Asturias se hizo visible en Langreo y en Gijón. Ambas localidades acogieron movilizaciones y fueron escenario de reivindicaciones, las que todos los años por estas fechas reúnen en torno a la bandera de los colores del arco iris a homosexuales, bisexuales, lesbianas y transexuales. «Necesitamos una pedagogía social para que las cosas cambien yendo más allá de los avances sociales», señaló Mané Fernández, presidente de Xega, colectivo organizador de los actos. Y con esas palabras resumió el portavoz de todos ellos la inquietud actual que ayer les reunió en torno a marchas, actos reivindicativos y lecturas de manifiestos en varias ciudades españolas.
En Gijón, una marcha hasta el Ayuntamiento centro los actos, acción que como las que se repiten en ciudades de todo el mundo rememora la originada tras los disturbios acontecidos alrededor de un conocido pub neoyorquino de Greenwich Village, Stonewall Inn, en 1969, donde durante la madrugada del 28 de junio, la comunidad homosexual se rebeló ante una nueva redada de la policía. A partir de esa fecha, las movilizaciones anuales conmemorativas comenzaron a irradiarse por las grandes capitales del mundo occidental (en Irán o Arabia Saudita, la homosexualidad todavía está condenada con pena de muerte). Pero antes de que la marcha por las calles de Gijón cerrara los actos del día con fiesta y consignsa contra la Conferencia Episcopal y el Partido Popular, por la mañana, en Langreo, también se izó la bandera arco iris en el Ayuntamiento, ritual que dio paso a una concentración en el parque Dorado del distrito de Sama.
Rodeó esta cita matutina una curiosidad ciudadana transitoria al paso, con algún comentario crítico acerca de los usos del dinero público, que el representante de Xega se encargó de contestar, asegurando que el consistorio se había limitado a prestar una colaboración simbólica.
Música y colorido
Ya por la tarde fue Gijón quien tomó el relevo en el Antiguo Instituto, en actos presididos por la alcaldesa de la ciudad, Paz Fernández Felgueroso, quien estuvo acompañada en el estrado por el viceconsejero de Bienestar Social, Ángel González, y Mané Fernández y Raquel del Río. En este encuentro se concedieron los premios Triángulo Rosa -otorgado a personas o entidades que apoyan sus reivindicaciones-, y que recayó en el comité de empresa de Ideas en Metal por su contribución a la reincorporación laboral de una mujer transexual. Fue precisamente ella, la protagonista, Natalia Fernández, la encargada de dar el premio a sus compañeros. Mientras, el Ladrillo Rosa, -equivalente de lo que en otros certámenes se llamaría premio 'limón'- fue para el pub ovetense El Filar, al que se le achacaron actitudes homófobas con una pareja homsexual a las puertas de su local. Y es que todavía hay espacios reticentes a aceptar el lema que predica que «ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, cualquiera que sea su sexo, orientación sexual o identidad sexual» o aquello que cantaba Alaska de «a quien le importa lo que yo haga» y que ayer fue una vez más himno de los participantes en la marcha por las calles de Gijón.
Así, con ruido de tambores y música, se pasó ode la plataforma oficial a la festiva. Hacerse visibles, o sea, pertenecer a la elemental normalidad cotidiana, está en el fondo de estas marchas que aún deben superar curiosos escollos como el de la clínica catalana recién clausurada en la que se prometía la curación farmacéutica de la homosexualidad, lo que no es sino volver a señalarla con rictus inquisitorial a la manera de una patología. La fiesta reivindicativa demostró que esos diagnósticos viciados pertenecen a la esfera de las excepciones.