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Yace el paisano en una camilla. Ha ingresado en el hospital en las últimas, por algo raro, y los doctores han hecho corrillo alrededor para deliberar sobre el diagnóstico. En un escaso momento de lucidez, el anciano abre un ojo, observa el nutrido conciliábulo médico y con vanidad de enfermo anómalo y vocecita matizada por la falta de dentadura, se dirige a ellos y dice con una media sonrisa: «¿Qué, nun sois a ello, eh?».
Hace falta una cierta dosis de humor para digerir la que nos espera. ¿Cómo van a sacarnos de la crisis los mismos que nos metieron en ella? Cabe la duda. Mariano y su equipo son gente cuyo currículo se ha forjado trabajando a sueldo de quienes provocaron, y no previeron ni evitaron, el actual bajón. Gente que, por si fuera poco, goza de la confianza de la masa. Para tragar ese sapo no va a quedar otro recurso que la risa terapéutica. Hay que tener en cuenta que a estos los han elegido, entre otros, los mismos que compran medicinas falsas por internet, como uno que solicitó un agrandador de pene y le mandaron una lupa. Racionalistas de chichinabo que para conseguir deseos encienden velas o echan cartas. Los mismos que dicen «¡haya salud!», mientras se meten entre pecho y espalda bocadillos de tocino con foie gras envueltos en panceta, y llaman a la lechuga «pación para las vacas», seres humanos tan humanos que parecen orangutanes. «Yo es que aprecio mucho a Mario Conde», dice la señoritinga de visón que también vota a diestras, y de ahí no sacas a los forofos, y así nos va. Somos como aquellos romanos que soltaban un burro por delante para que trazara los caminos. Hemos soltado al nuestro y vamos detrás. Pero me temo que nuestro burro guía, en lugar de ir por lo segado, está más por el atajo y el recorte, es decir, por el bótox y la liposucción en las zonas bajas de la sociedad, o sea, en los glúteos, o sea, en nosotros. Y mientras los forofos aplauden, el resto recelamos por cómo se comportan los burros, y también por cómo obran la silicona y el bótox en los cuerpos, mira 'la Esteban' o 'la Terebere' en el Telecinco, o mira al Berlusconi su patrón, hoy tan desaparecido en combate como el propio Mariano 'Wally'. Porque sabemos de cierto que las tornas sólo cambiarán cuando se le dé la vuelta a la tortilla, una tortilla para cuya elaboración hará falta romper algunos huevos. Por eso, mientras tanto y ante lo inevitable, risa sana.

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