Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Gente

Gente

El de Carabanchel ofreció ayer un concierto en el Teatro de la Laboral para acérrimos y neófitos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Rosendo, elegancia en playeros
Rosendo, a la derecha, acompañado de su bajista en el Teatro de la Laboral. :: JOAQUÍN PAÑEDA
Rosendo Mercado se plantó ayer en el Teatro de la Laboral como si nada hubiera cambiado: camiseta, vaqueros, Stratocaster y canciones de toda la vida afiladas como si se estuviera entregando al Derrame Rock, y no a un aforo teatral y con butacas.
Él mismo reconocía en la entrevista publicada ayer, al hilo del título de su último disco de estudio, 'A veces cuesta llegar al estribillo' (2010), entre risas, que «quizás sean los años».
Pero lejos de apoltronarse en la excusa de una revisión suavizada de sus canciones más conocidas, el de Carabanchel se limitó a aprovechar la acústica del recinto (que ya dio resultados impecables en, por ejemplo, el recital de La Oreja de Van Gogh) para presentar un recorrido por su producción: se gustó en los medios tiempos, apropiados para un recinto cerrado, sin dejar de servir a quienes tienen menos escuchados los grandes éxitos de su trayectoria tanto en solitario como con la mítica banda Leño.
De esta forma, sí se relajaron algo los tempos y los decibelios, y Rosendo confió más en el trabajo de banda de base, el de pulir ritmos y destacar armonías, que en abrumar a golpes.
Todo, sin restar el protagonismo que acostumbra a las líneas de guitarra, a las letras de todas esas «cosas que siguen sin gustarme» y, ante todo, a la elegancia que se ha empeñado en infundirles a las zapatillas deportivas no necesariamente nuevas, a esa irreductible indumentaria a base de camiseta y vaqueros.
Con esas ganas mal disimuladas de seguir encima del escenario, convertido en medio natural, brindó a un público acérrimo lo que había ido a buscar: los unos, la vieja gloria; los otros, un principio para el viernes; y todos -media entrada-, al Rosendo de toda la vida.

Vocento
SarenetRSS