«La situación demográfica del Principado es, cuanto menos, peligrosa». El consultor de estrategia empresarial Alejandro Macarrón tiene claro que España, en general, y Asturias, en particular, «necesitan más nacimientos». Acaba de publicar un libro sobre el tema, 'El suicidio demográfico de España', en el que analiza la evolución de la natalidad desde principios de siglo y la compara con el momento actual. Un dato es revelador, asegura: «en los años finales de la Guerra Civil hubo más nacimientos que ahora». Lo peor, concluye, es que no es una opinión suya, sino algo que cualquiera puede consultar en el Instituto Nacional de Estadística: «Los políticos no hablan de ello, pero es una cuestión espinosa, nos hacen falta nueve millones de españoles para tener una pirámide de población estable», sentencia.
Alejandro Macarrón Larumbe (Avilés, 1960) es un asturiano afincado en Madrid. Ingeniero de telecomunicaciones, enseguida se interesó por el mundo de las finanzas y la consultoría empresarial. Ha trabajado en grandes empresas españolas y norteamericanas, y ahora suma a sus habilidades el análisis socio-demográfico. Macarrón compartió el pasado viernes una comida con el presidente del Ateneo Jovellanos, José Luis Martínez, el inspector de Educación, Silvino Lantero, y el escritor y colaborador de este periódico Luis Díez Tejón. El encuentro tuvo lugar en el restaurante As de Picas, enmarcado dentro del ciclo Los Libros del Casino, en el que colaboran el Ateneo Jovellanos y EL COMERCIO.
Allí, el autor repasó las claves que dieron pie a su trabajo. «Todo comenzó en una discusión de amigos, cuando uno de ellos me enseñó una gráfica que ilustraba el desplome de nacimientos en España desde 1977 hasta hoy», comentó. Este súbito cambio demográfico, que se corresponde en el tiempo con la modernización del país, la llegada de la democracia, la cada vez mayor igualdad de sexos y otros muchos factores socio-económicos ha provocado que, por ejemplo, Asturias haya perdido «un tercio de su población joven en los últimos diez años».
Este «problema», que no afecta solo al Principado sino a toda España, Europa y Japón -Estados Unidos en menor medida-, «tiene consecuencias directas sobre la economía, la Seguridad Social, la sanidad pública...». Es decir, el Estado del Bienestar. «Antes se tenían hijos, entre otras cosas, para que se ocuparan de uno en la vejez. Ahora la intervención del Estado ya cubre esa necesidad», explicó. En este sentido, Macarrón apostó por «el modelo chileno» de pensiones para que sean «sostenibles» en un futuro de descenso demográfico: «Cada trabajador tendría una hucha propia, una especie de plan de pensiones gestionado por el Estado donde cada persona pague su propia jubilación».
Inmigración, «un paliativo»
Una de las posibles salidas al problema, fomentar más la inmigración, no es para Macarrón sino «un paliativo, un complemento necesario para encauzar la pirámide de población, pero no una solución». El fenómeno migratorio, señaló, «es significativamente menor en las comunidades más envejecidas». Además, «un incremento de población extranjera que no tiene nuestras raíces culturales puede causar problemas de integración y convivencia», apuntó. La única forma de enfrentarse, entonces, a la falta de nacimientos «es teniendo más niños, dejar de legislar contra la natalidad y bajar los impuestos a quienes tengan hijos», concluyó.