Los objetivos de cualquier gobierno se fijan en los debates de investidura. La alcaldesa Moriyón obtuvo la suya hace ocho meses gracias a los votos del PP, que se ha convertido en cómplice y colaborador necesario del tremendo desaguisado que los de Cascos están haciendo en Gijón. Un PP que finge someter al gobierno local a una esquizofrénica ducha escocesa y que ahora, con convocatoria electoral de por medio, tendrá que forzar una diferenciación que les permita evitar otro varapalo como el del 22 de mayo. Así que preparémonos para soportar semanas de desgobierno.
Pero examinemos el cumplimiento de la hoja de ruta establecida en la intervención de investidura de Moriyón para comprobar que en Gijón todo está parado porque, a la delicada situación general, se han sumado los casquistas con manifiesta incapacidad y frenando lo que aún se movía.
La mayor demostración de su incapacidad es la parálisis económica en la que han sumido a Gijón. Debo decir que aquí sí han cumplido los objetivos declarados en el discurso de investidura. La alcaldesa dijo «el sector público (.) no puede ser por más tiempo el motor de la economía». En Gijón ya lo han conseguido. Han parado el sector público y con él, al único motor económico que en este momento quedaba. Así que seguiremos viendo cómo familias enteras se quedan en paro.
Ya comentamos en diferentes sesiones plenarias que el paro ha crecido en Gijón desde julio un 19,58%. Son 4.516 personas más. De ellas, el 65% se encuentran entre los 30 y los 49 años. Esa franja de edad supone casi el 55% del desempleo total gijonés y se trata de un desempleo de nuevo perfil porque ahora no encuentra otro empleo con facilidad, pero tienen familia, hijos e hijas, pagan hipotecas. Y las derechas, Foro y el PP, fijan como prioridad en el presupuesto municipal reducir la deuda. Eso es como echar gasolina a un incendio ¿Qué medidas han propuesto para estas familias? ¿Qué acciones van a articular?
Comprometieron lealtad institucional, pero su incapacidad la ha transformado en sumisión incondicional. Se quedaron mudos cuando Cascos quitó a Gijón 4 millones de euros del Plan A, ni rechistaron cuando Cascos anuló una inversión en Navia que suponía 16,5 millones en El Musel y echan tierras contra propio tejado de los gijoneses descalificando el proyecto de la ZALIA.
Han prometido rebajas fiscales, pero a pesar de nuestras reiteradas advertencias, el señor Sostres, solitario diputado casquista en Madrid, no se opuso al Real Decreto dictado por el PP que sube el tipo IBI en un 20% para la mitad de los inmuebles gijoneses. La voluntarista pelea que dicen hacer ahora es una penitencia inútil y a destiempo que no tapa la incapacidad de FAC para reaccionar antes de la convalidación del decreto. Mucho nos tememos que su pataleta ya sirve de poco.
Comprometió potenciar los servicios sociales, pero ha dejado en precario al Albergue Covadonga. Lo dicen los propios responsables del albergue, personas poco sospechosas, que les acusan de haber dado la razón a quienes consideran que sus usuarios son un peligro. Por cierto, que nunca tuvo un coste tan alto cumplir un compromiso electoralista, absurdo y oportunista, adquirido por quienes pensaban que no tendrían que cumplirlo.
Coste en términos sociales, pero despilfarro absoluto en términos económicos, porque ahora habrá que gastar para adecuar a otros fines un edificio concebido por y para el Albergue, y también habrá que gastar para parchear lo que no tiene arreglo en las instalaciones que ocupa actualmente. En definitiva, gastar mucho dinero dos veces para no dejar contento a casi nadie.
Comprometieron textualmente una «vida cultural de primera categoría». Pero el sectarismo, la manifiesta incapacidad, la exacerbada concepción mercantilista de la cultura y la terca obsesión revanchista han situado a la vida cultural gijonesa en el dudoso honor de ser noticia nacional por la destrucción sistemática a la que han sometido al Festival de Cine, la RTPA, la Semana Negra.. Incluso a un festival de bandas de gaitas que iba por su décima edición.
Moriyón demostró desde el primer día una absoluta incapacidad para hablar, no digo alcanzar acuerdos, digo simplemente hablar, con otros grupos políticos que no fueran su extraño socio. Desde el PSOE lo hemos intentado. Por responsabilidad hemos permitido que prosperasen algunos asuntos importantes, pero también hemos propuesto que todos los grupos municipales abordemos conjuntamente asuntos 'de ciudad' que superan a un gobierno en minoría. El diálogo social en Gijón o la comisión no permanente para abordar en serio las cuestiones de convivencia son buenos ejemplos. Pero nada. Rechazan las propuestas simplemente porque vienen de los bancos de la izquierda.
En definitiva, transcurridos ocho meses desde el inicio del mandato de Moriyón y FAC en Gijón, queda claro que la parálisis, la incapacidad y el sectarismo son las palabras que mejor definen la acción del gobierno casquista de Gijón. Es más, un gobierno que se sabe incapaz de definir un proyecto de futuro para Gijón y que trata de justificar sus propios males haciendo un revisionismo cutre del pasado.