Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Portada

NORDESTÍN

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El ecléctico Casacites le prepara el terreno al historiador Polibio de Porceyo:
«La anécdota puede ser considerada también como un pequeño cuento de humor basado en un hecho histórico presumiblemente acaecido en tiempos remotos, en una forma u otra. Contado después en la tradición oral, se ha ido estabilizando hasta que el historiador lo recoge, le da forma literaria y lo convierte definitivamente en anécdota.
>>Es posible que algunas anécdotas sean rigurosamente históricas, pero en general no caen dentro del terreno del humorismo hasta que han sido condimentadas y transformadas por una persona hábil. Nos interesa saber que el valor humorístico de la anécdota no depende de su verdad histórica, sino del ingenio que se ha ido acumulando sobre ella por sucesivas generaciones de cuentistas...».
Puse puntos suspensivos para evitar que el lenguaraz Casacites dejara sin espacio la columna, no sin antes agradecerle la presentación. Luego cedí la palabra a Polibio:
«Narraré una anécdota que tiene como protagonista al cuélebre, ese ser mitológico con alas de muerciélago, escamas impenetrables y cola enorme, que habita en los bosques, en los ríos, en las cuevas... y llena los espacios de su silbo penetrante. Es custodio de las xanas, vigila sus tesoros y solo se rinde a la fatiga de la mágica noche de San Xuan. El cuélebre va encogiendo a lo largo de los siglos y acaba sus días bajo el mar. Pero no fue ese el caso de uno que moraba en los montes de Caso allá por los inicios del siglo XVII. Fueron muchos los nativos que aseguraban haberlo visto reptar y volar por aquellos parajes, y salvo algún esporádico ataque al ganado jamás había dado mayores problemas. Pero un mal día, una hermosa zagala llegó a la casa do habitaba con sus progenitores y ocho hermanos hecha una auténtica llaceria.
'¡Fue un cuélebre! ¡Violóme y luego echóse a volar y púsose sobre el campanariu de la iglesia!', se lamentó la atribulada moza.
Avisaron al cura, que andaba por allí cerca dando una extremaunción, y fue él quien organizó una cuadrilla de hombres armados con instrumentos agrícolas mayormente cortantes para ir a la caza del cuélebre violador. No se hallaba ya sobre el campanario, pero el grupo entró en la iglesia y allí lo encontraron: el muy taimado se había transformado en un peregrino extranjero. Lo apresaron, le hicieron todo tipo de perrerías y acabaron por descuartizarlo. El cura vio entonces volar hacia el infierno el espíritu del cuélebre, mientras que jamás volvió a verse por allí al peregrino recompuesto».

Vocento
SarenetRSS