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RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

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Cuando empecé a organizar el primer cumpleaños que mi hija iba a celebrar con sus amigos, no pensé que me encontraría con tantas trabas. Una de las invitadas (de cinco años) tiene una limitación física que la mantiene en una silla de ruedas, y parece que, para la mayoría de las ludotecas, eso le priva del derecho a disfrutar de una celebración en igualdad de condiciones con el resto del grupo. En estos locales no disponían de monitores para ocuparse de la niña y tampoco permitían la entrada de ningún adulto para ayudarla en la sala de juegos (en realidad, en uno de ellos, sí accedían a que la acompañara un familiar, «siempre que fuera un sábado por la mañana»). Supongo que la filosofía de los responsables de estos establecimientos es: «el que pueda, por su propio pie, sumergirse en una piscina de bolas o bajar por los toboganes, adelante, y el que no, que se quede mirando o, sencillamente, que no venga». Afortunadamente, siempre hay quien, en vez de poner obstáculos busca alternativas. En este caso, fue la guardería-ludoteca 'Dubidaba', de Montevil, a la que agradezco desde estas líneas que mi hija y sus amigas hayan podido disfrutar juntas. Los niños, con o sin limitaciones, quieren jugar y tienen derecho a hacerlo. Somos los adultos los que ponemos las barreras o las derribamos.

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